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“Pensaba: ‘Pierdo New York o pierdo a mis hijos’, porque mi mayor logro es mi familia”

Deco & Diseño
“Pensaba: ‘Pierdo New York o pierdo a mis hijos’, porque mi mayor logro es mi familia”

Una charla con la diseñadora de joyas Pamela Marcuzzi, en la que cuenta el gran giro que dio su vida

Noviembre 10, 2014

 

Por Dolores de Arteaga

Solo hablar con la argentina Pamela Marcuzzi te inunda de luz. Es un ser especial. Cursó escenografía en el Teatro Colón, es decoradora, y autodidacta en el diseño de joyas. Siempre disfrutó haciendo arte con sus manos. Con 42 años y los dos hijos que la vida le dio, lleva más de 20 en el rubro joyas. En esos años hizo suya una rica trayectoria. Bloomingdale, Saks, Macy’s, Barneys, y las mejores tiendas multimarcas de Nueva York, Miami y California contaron con la presencia de sus creaciones. También tuvo contacto con grandes personalidades del mundo de la moda, el arte y la realeza europea. Pero eso no la completaba como ser humano. Por eso hoy se da permiso para hacer lo que realmente le llena el alma. Algo que yo definiría como “arte sacro”. Una manera de conjugar sus dos pasiones, la joyería y su fe católica.

Allá por el ‘95 Pamela empezó su camino haciendo accesorios para su marca Papillon. Fueron solo los comienzos. Ella quería que se convirtiera en su medio de vida y también demostrarle a su padre que se podía vivir del arte. Broches con flores de seda, sombreros, zapatos. Accesorios que respetaban los materiales nobles. Oro, seda, perlas, piedras semi preciosas. Todo muy femenino. Creatividad, mucha. Algo que siempre distinguió a esta emprendedora argentina. No tenía local. De puerta en puerta era tanto lo que vendían quienes trabajaban para ella, que juntó el dinero suficiente para viajar a Nueva York a la búsqueda de nuevos y originales materiales. Así fue que pudo largar una pequeña línea de productos. Un stand en una feria fue el escenario perfecto para que su primer lote de creaciones se vendiera por completo. Arrasó. Fue su primer paso en el mundo del comercio. Una pequeña puerta que abrió grandes puertas. El freeshop de Ezeiza y marcas argentinas de la talla de Paula Cahen D’Anvers y Vitamina, entre otras, contaron con líneas de Papillon, exclusivamente diseñadas por Pamela para sus colecciones. Igualmente, nunca dejó de lado el diseño de tocados para novias de diseñadores grandes como Benito Fernández, Laurencio Adot, entre otros. “Hacía tocados bastante copados. Algunos con flores antiguas. Mini tiaras con abejitas en papel maché.” Pero en el 2001, cuando comenzó la debacle económica argentina, la cosa se complicó…

El desafío más grande sucedió porque tenía que suceder. En una de sus visitas a Manhattan, Pamela conoció a una diseñadora gráfica, cuyo marido, un inversor de Wall Street, la hizo entrar al inabarcable mercado norteamericano. “Fui a visitar a una persona que diseñaba el packaging para Christian Dior y, de repente, ella vio mi valijita con mis productos y me dijo: ‘Mi marido trabaja en finanzas y necesita una diseñadora.’” ¡Yo me estaba por tomar el avión para volver a la Argentina! Al otro día de la reunión, Pamela estaba sentada en la casa del financista neoyorquino. Quedó fascinado con todo lo que vio. Tanto fue así, que se asoció con Pamela y la marca pasó a tener su nombre: Pamela Marcuzzi. Así fue que las creaciones de Pamela llegaron a la alta sociedad neoyorquina y del mundo.

Llegó el 2011. Pasaron once años. Muchos arriba de un avión. Aeropuertos. Trámites. El estrés se acumulaba. “En esos años perdí mucho. Me casé y tuve mis hijos, que eso lo gané. Viajaba seis veces por año a presentar las colecciones. Perdí la primera infancia de mis hijos.” El darse cuenta de esto fue un punto de inflexión en la vida de Pamela. Un antes y un después. “Pensaba: ‘Pierdo New York o pierdo a mis hijos’. Perdí cinco embarazos. Pero cuando me sacaron las trompas caí… Porque mi mayor logro, mi mayor estrella, es mi familia.”

Pamela es una persona muy religiosa y una vez por año su mamá invita a ella y a sus cinco hermanas a hacer un viaje santo. “Mis hermanas y yo tenemos fe gracias a mi madre. Uno de los viajes santos fue al Vaticano, y cuando vimos al Papa mi mamá se prendió de su cuello. El Papa tiene un rosario que yo le regalé. El año que fuimos a Lourdes, en Francia, fue cuando me habían sacado las trompas. Me quería meter en las aguas de Lourdes para que me crecieran de vuelta. Pero a la vez me sentía indigna habiendo tanta gente enferma…” Muchas señales tuvo Pamela. Señales que le marcaron el camino que debía tomar.

Hoy, con su taller de accesorios cerrado, Pamela focaliza su espíritu creativo en imágenes religiosas. Cúpulas de vidrio portan a la Virgen María, imágenes con un delicado y minucioso trabajo. Oro y seda. Pareciera que las hubiese hecho un orfebre devenido en años, de esos que ya quedan pocos.

Las ganancias de estas creaciones las destina a ayudar a la gente necesitada y a juntar a los animales de la calle: “Ganar plata no es mi prioridad. Me importa la caridad. No soporto ver a un niñito, a un viejito o a un animalito sufrir. La plata ayuda, pero va y viene.” Hoy Pamela se siente un instrumento de Dios. Y para finalizar, agrega: “Yo, no soy nadie.”

Contacto:
Pamela Marcuzzi
Mail: pamelamarcuzzi@gmail.com

 

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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