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“Todos tenemos un ‘arte’ y un ‘arte de hacer’”

Por amor al arte
“Todos tenemos un ‘arte’ y un ‘arte de hacer’”

Astrid Lecornu y su arte en alambre. Una mirada a su delicado mundo. Un viaje a Francia, aunque sea por un ratito…

julio 29, 2016

 

 

 

Por Dolores de Arteaga

Le Marais, París. 2014. Semana de la Moda. “Dos ojos no me alcanzan”, pensaba. Es que nunca había visto algo igual. “Esto sí que es jugársela para vestirse” “¡Qué pacatas que somos las uruguayas –me incluyo, claro está-!” Eran algunos de los pensamientos que se cruzaban en mi cabeza que, de existir la posibilidad, hubiera querido que fuera giratoria. Colores vibrantes. Pieles. Animal print. Botas Xuxa. Zapatos de todo tipo y tamaño. Brillos. Encaje. Negro. Blanco. Todo junto. Todo separado. Looks estruendosos. Y looks net. En “la ciudad de la luz” todo vale. Y más, tratándose de la Semana de la Moda.

En ese marco de excitación, de repente me veo absorbida por una vidriera. Algo en las antípodas de lo que venía viendo. Sublime. Delicado. Me detengo. Mis ojos se calman. La extensa vidriera decorada por textos de alambre torneados. Una pequeña ciudad de alambre y géneros trabajados  con mucho amor y dedicación. Se veía que había mucha pasión detrás de esa vitrina tan parisina. Entré al local y le pregunté a la encargada: “¿Quién hizo esta belleza?” Y me fui feliz con la tarjeta de Astrid Lecornu en mi poder.

Tuvieron que pasar dos años para que se concretara la entrevista. ¡Pero se dio! No conocí a Astrid personalmente ni pude adquirir alguna de sus creaciones. Pero al menos pude conocer la historia detrás de aquella vidriera de la bohemia Le Marais.

Se las presento. Astrid Lecornu es francesa, tiene 34 años y vive con su pareja Grégory Saraceni, diseñador, desde hace 16 años. Se conocieron en la escuela de artes aplicada en París: “Desde enero de 2015 hemos sido colmados por una pequeña damita que se llama Victoire. ¡Es nuestra más hermosa creación!”, es lo primero que me comenta Astrid.

En la actualidad viven en Bougival, en las afueras de París, hacia el oeste, y a dos pasos de Saint-Germain-en-Laye y de Versalles. “Siempre viví en esta zona. Crecí en Rueil-Malmaison, la ciudad que está al lado, y por parte de mi madre, ya somos la tercera generación de habitantes de Rueil”, cuenta una Astrid orgullosa de su procedencia. Igualmente siempre estuvo y sigue  estando muy vinculada a París, a donde va casi todos los días, ya que no está para nada lejos (25 minutos en ómnibus).

Sus allegados describen a Astrid como una mujer tranquila, dulce, reflexiva y de naturaleza positiva. “Soy muy solitaria pero al mismo tiempo muy sociable. Muy apegada a mi casa, a mi familia y a mis raíces. Me gustan mucho los hábitos y una cierta ‘rutina’ que me permita evadirme y dejarme ir completamente hacia mi gran imaginario. Eso es vital para mi. Si no tengo puntos de referencia, mi creatividad pierde pie. Tengo mucho humor con respecto a la vida, y sobre todo una gran capacidad de perspectiva”, agrega Astrid, quien dice que le resulta difícil describirse a sí misma, aunque a mí me parece lo contrario.

Los momentos del día preferidos de Astrid son su primer té de la mañana y el último de la noche. En su vida no existe un día igual al otro, ya que es freelance y trabaja en forma independiente. “Mis jornadas se suceden, pero no se parecen”, dice Astrid. Al parecer, sus mañanas comienzan con su beba Victoire, luego de prepararse su gran tetera de té verde (aclara que es Longjing, cosa de que no haya malinterpretaciones): “Durante toda mi jornada laboral solo bebo té, ¡soy una ‘tea-addict!’”, comenta. Se queda algunas horas frente a la computadora y luego pasa al taller, donde se queda hasta la noche. Solo hace una pausa de una hora para almorzar y para buscar a su hijita por la casa de la niñera. Y a la noche retoma el trabajo: “Yo creo todo el tiempo, sin importar dónde ni cuándo. Siempre y cuando lo cotidiano me lo permita. De hecho, no interrumpo nunca mi trabajo. Incluso en vacaciones y durante los fines de semana. Mi trabajo es como respirar, forma parte de mi vida. A partir del nacimiento de Victoire, es más rítmico y difícil de conciliar, ¡pero lo estoy consiguiendo!”

Dolores: ¿Desde cuándo te dedicás al arte en alambre?

Astrid Lecornu: Desde pequeña me apasionó este material. Siempre lo utilicé e incluso lo integré en mis carpetas escolares y en mis books. Al principio, en mi entorno: familia, amigos… Luego esto se difundió cada vez más, a partir de 2005.

Me encanta trabajar con textiles y con alambre, para mí es algo tan natural como respirar. Es la mejor manera que encontré para expresarme y exteriorizar lo que tengo dentro de mí. Y me pasa lo mismo con el arte en general. Disfruto con todo lo concerniente a la creatividad. E incluso más allá, ya que el arte y la creación se aplican en todas las esferas de la vida. ¡Eso es lo mágico! Todos tenemos un “arte” y un “arte de hacer”. Es lo que hace que el arte sea tan único y singular.

 

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D: ¿Cómo eras de niña? 

AL: Siempre fui muy creativa y con mucha imaginación. Tenía un imaginario tan grande que podía causarme problemas en clase y también en otros ámbitos. Pero logré convertirlo en un motor y en un aliado, y sobre todo logré canalizarlo.

Nunca vi demasiada televisión; por el contrario, pasaba mi tiempo y mis vacaciones enteras organizando obras de teatro y exposiciones de figuras moldeadas con masa de sal, dibujando, reparando y modelando. Compartía esto con mi padre, quien era a su vez escultor, pintor y dibujante.

Con mi prima Charlotte habíamos montado toda una compañía de teatro en el pequeño pueblo de Deux-Sèvres de nuestros abuelos, a quienes veíamos durante las vacaciones. Ensayábamos todo el año y a fines del mes de agosto hacíamos las funciones en el salón de fiestas con todos los habitantes. Hacíamos el vestuario, el decorado, todo, ¡de la A a la Z!

Pasaba mucho tiempo con mis abuelos, a quienes tuve la suerte de tener durante mucho tiempo. Mis dos abuelos me enseñaron y me inspiraron mucho en su agilidad para “hacer”. Mis abuelas me transmitieron el amor por la cocina y el arte textil (tricot, crochet, costura, broderie…). Somos una familia de creativos y artesanos, y puedo decirte que nunca me aburrí de pequeña ¡y menos aún ahora!

 

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“Cuanto más avanzo en estas técnicas y en el proceso de creación, más me convenzo de que no me alcanzará la vida para concretar todo lo que tengo en lo profundo de mi corazón”

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D: Contanos sobre tu formación artística.

AL: Luego de hacer un bachillerato literario opción intensive arts, y Bellas Artes en Rueil-Malmaison, aprobé un Diploma de Estudios Universitarios en Historia del Arte en París y posteriormente un diploma de Artes Aplicadas en Diseño Textil, entre otros.

Luego aprendí y perfeccioné el broderie y el trabajo de bijouterie con Virginie Parrot y la creadora Alexandra François. Para mí resultó la mejor escuela.

Hoy sigo dibujando, completo una libreta de croquis por mes. Es como una disciplina para mí, lo necesito para materializar mis ideas. Me encanta realizar y gestionar una creación de principio a fin.

 

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D: Y el arte de trabajar el alambre, ¿dónde lo aprendiste?

AL: Aprendí y perfeccioné el arte del alambre por mí misma, haciendo y haciendo una y otra vez. No hay secretos: para dominar y aprender un arte hay que vivirlo y experimentarlo. Luego me interesé en los materiales y sus características por curiosidad, y leí mucho sobre el acero y su historia.

D: ¿Me podrías describir la técnica? Aproximadamente, ¿cuánto tiempo te lleva cada obra?

AL: Trabajo el alambre de metal (recocido, latón, hierro, cobre esmaltado, inox, cobre) con pinzas y con los dedos, pero también trabajo en broderie, costura, crochet, tricot, con los hilos textiles. El tiempo depende de cada pieza, ¡puede tomar desde unos minutos a algunas semanas!

D: Para una persona que quiere aprender esta técnica de cero, ¿cómo la ves?

AL: Si así lo quiere, ¡podrá sin problemas! Es como saber escribir o dibujar. Es un “médium” que te sirve para exteriorizar y dejar salir lo que tienes adentro. Es verdad que luego es necesario tener una cierta dosis de paciencia y voluntad, y también mucha calma y precisión.

 

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“De niña tenía un imaginario tan grande que podía causarme problemas en clase y en otros ámbitos. Pero logré convertirlo en un motor y en un aliado”

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D: ¿Tenés taller propio?

AL: Sí, tengo un taller en mi casa de Bougival. Allí paso mis jornadas y mis noches también. Es mi referencia, mi gruta y mi caverna. Allí acumulo todos mis anhelos, recuerdos y tesoros que me sirven de inspiración.

D: Además de encontrar inspiración en dichos tesoros. ¿Dónde más la encontrás?

AL: Es variado y variable. De hecho, en todo. Pero especialmente en mis recuerdos, en las tradiciones, los cuentos, las raíces ancestrales, los lugares históricos (voy muy a menudo a Versalles o a algún otro castillo), lo cotidiano, la fatiga, mis litros de té bebidos a sorbos de la mañana a la noche… ¡Y desde hace 17 meses, mi hija!

 

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D: ¿Trabajás en silencio o con música?

AL: Necesito ambas cosas. Largos períodos de silencio, y luego días enteros con música o radio. Clásica, barroca y jazz.

D: ¿En qué pensás cuando trabajás el alambre? 

AL: ¡En todo y en nada!

D: Algunas creaciones.

AL: Mi creación y pieza insignia son los pequeños cuadros en alambre (cartes-saynète), que confecciono a medida y durante todo el año. Cada pieza es única y diferente, ¡y eso es mágico!

Los cuadritos, los medallones con nombres o palabras, las letras, los textos… Los personajes planos o con volumen. Los pájaros, las jaulas… Pequeños candiles, setas… En resumen, ¡abarco todo con el alambre!

D: ¿Qué es lo que más disfrutás haciendo? 

AL: Los pequeños cuadros y escribir textos. Los personajes también me divierten mucho… ¡Y trabajar sobre París, por supuesto! Yo diría que cuanto más puntilloso, meticuloso y difícil es el trabajo, ¡más me gusta!

D: ¿Qué es lo que más solicitado?

AL: Los pequeños cuadros, las jaulas, los pájaros. Para mis clientes profesionales, el armado de las vitrinas y de grandes piezas únicas.

 

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D: ¿Dónde vendés tus producciones?

AL: Los vendo directamente, o los expongo en galerías/boutiques, esencialmente en París y sus alrededores. Y, de vez en cuando en otros países: Alemania, Inglaterra, Australia, Japón… También trabajo por encargo, es más, ¡adoro los desafíos!

D: Por lo pronto, también decorás vidrieras.

AL: En forma regular armo las vitrinas de las boutiques de Nadine Delépine (en el 6to. distrito de París), Les Oiseaux  (en la calle Oberkampf), Même les objets ont une vie (en Rueil-Malmaison), ou Mademoiselle Aime (en Vincennes). Tuve también la oportunidad de trabajar para Princesse Tam Tam  y para las vitrinas de las boutiques Repetto.

D: ¿Das clases?

AL: Sí, organizo talleres y cursos tres o cuatro veces por año en mi taller.

D: Metas.

AL: La próxima es ir a Japón. Estudio la ceremonia del té (chado/chanoyu) desde hace seis años y me encantaría experimentarla allí. De lo contrario, en el futuro, abrir un taller-boutique y unir mis creaciones y el arte del té…

 

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D: ¿Qué te dejaron todos estos años trabajando el alambre? 

AL: Desde el inicio, voy avanzando y dándole impulso a un montón de nuevas ideas y proyectos, ¡y siento que nunca veré el final de la bobina de alambre y de tela! Cuanto más avanzo en estas técnicas y en el proceso de creación, más me convenzo de que no me alcanzará la vida para concretar todo lo que tengo en lo profundo de mi corazón. Sé y siento que todavía hay mucho dentro de mí para aflorar…

 

 

 
Algo muy de Astrid:

Tu lugar en París:
Todos los barrios tienen su encanto y tengo mis pequeños lugares secretos en cada uno de ellos, pero por sobre todo Saint-Germain-des-Près, la isla Saint Louis y el barrio Saint Michel
en cuanto a su arquitectura, además del París antiguo, Belleville y el Barrio Chino…

Un museo:
El museo del Quai Branly y Guimet.

Un artista:
¡Qué difícil elección! Yo diría Gustave Doré y Carl Larsson…

Un escritor:
Los cuentos de Perrault,  de los hermanos Grimm…

Música:
Música barroca, Mozart , Rameaux y Bach son mis maestros, y mucho jazz.

Un plato de comida:
La cocina japonesa y asiática en general. Soy vegetariana desde los 17 años, pero de todos modos como algo de pescado de vez en cuando. ¡Me encanta el arroz glutinoso thai, la calabaza y el té!

¿Conocés Latinoamérica?
Lamentablemente no, pero me siento muy cercana a Argentina porque a mi padre (fallecido en 2011) le encantaba y la visitaba periódicamente. Iba sobre todo a Usuhaia, donde amaba instalarse solo, y también a la Pampa… Tengo muchos recuerdos relacionados con esos lugares. ¡Y también bebo mate con bombilla!

 


Contacto:
Astrid Lecornu
Mail astrid.lecornu@live.fr
site: www.astrid-l.com
blog:  http://astridel.over-blog.com

 

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Traducción: Ma. Noel Lluch

 

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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