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“Yo no inventé el ballet, sino la forma de que todas podamos hacerlo como ejercicio”

Cuerpo & Alma
“Yo no inventé el ballet, sino la forma de que todas podamos hacerlo como ejercicio”

Be Ballet for Excercise. De la mano de Flavia Portella, una práctica soñada para la que nunca se es demasiado grande o vieja

agosto 02, 2016

 

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Por Dolores de Arteaga

“Soñé con dos letras, la  ‘b’ y la ‘e’. En el momento no lo supe interpretar, aunque sabía que significaba algo importante”, es lo primero que me cuenta Flavia Portella, quien lleva adelante la academia Be Ballet for Exercise, ubicada en la calle Scosería, en pleno barrio de Pocitos. Su mamá, la gran impulsora de que Flavia abriera una academia, había fallecido seis meses antes de ese sueño premonitorio: “Mi mamá insistía en que yo tenía que dedicarme al ballet, a pesar de que soy psicóloga recibida, especializada en recursos humanos”, cuenta una Claudia emocionada. A los días de aquél sueño, le cayó la ficha. “B”: Ballet y “E”: Exercise… Y así fue. El 22 de julio de 2010, Flavia abría la academia.

“Esta clase es una poesía”, pensaba yo, mientras seguía a Flavia por el espejo, tratando de hacer los gran pliés, rond de Jamb y demás, lo mejor posible, al ritmo de Michael Roberts y Lisa Harris, entre otros artistas. De a momentos, rememorando mis clases de ballet de niña. Tampoco pude evitar acordarme de los 10 años que tomé clases con mi querida profesora de gimnasia Rosario Hordeñana, una adelantada de los años ’80. Volviendo a la clase de Flavia, disfruté mucho de su invitación. “¡Quince años me llevó encontrar esta clase! Nunca es tarde…”, me comentó una de sus alumnas. Y a ese halago se sumaron más, a los que Flavia respondía, humildemente: “Miren que los dioses están durmiendo…”

Flavia es ciudadana del mundo. Brasileña e hija de padres diplomáticos, vive en Uruguay y está casada desde hace diecinueve años. Es mamá de Micaela de 16 y de Constanza de 12. “Viví en México ocho años, en Estados Unidos cinco, en Brasilia diez y luego partí para Uruguay. Mis padres siguieron para Viena y mi único hermano hacia Boston. Así ha sido un poco nuestra vida, pero muy enriquecedora, siempre tomé todo lo positivo.”

Su pasión por el ballet empezó de niña y nunca se detuvo. “Empecé a los 8 años con el ballet clásico. En ese momento, vivía en la ciudad de México. Seguí hasta mis 19. Continué hasta que llegás a esa etapa en que o concretás profesionalmente o no. Yo opté por no dedicarme a full, igualmente ya daba clases de ballet desde los 15 años. Siempre fue una cosa muy vocacional. Es mi pasión”, comenta Flavia.

Dolores: ¡Increíble lo de tu premonición con el sueño! ¡Cómo pasa!

Flavia Portella: Sí, e increíblemente las dos letras “Be” tienen un significado más allá de representar “Ballet for exercise”. Tienen también la connotación de“el ser”, lo que en inglés sería “be”, “sé”. Entonces, bueno, yo soy, soy yo, el método lo creé yo, está inspirado en el ballet, porque como dice el nombre: “Ballet for exercise”. O sea, no es ballet para ser bailarina, para hacer coreografías de fin de año, para proyecciones. No, es el ballet como ejercicio. El ballet ha estado muy encasillado a una etapa de la vida, y normalmente esa etapa es cuando somos niñas, cuando nuestras madres nos llevan a clase. O porque queremos, por la fantasía femenina infantil de la gracia y de la bailarina, etcétera. Y después que pasa esa etapa, todo el mundo dice: ¡Ay, que lastima! Y ya no hago más ballet, ya soy grande, ya soy vieja, ya soy lo otro. Y no existían propuestas que dieran el ballet simplemente como ejercicio. Por eso creé esta metodología.

D: Ballet for Exercise en pocas palabras.

FP: Para mí, es mi vida, mi creación. Es mi cuerpo, mi  alma y mi mente. Ahí  estoy plasmada yo. Yo no inventé el ballet, yo inventé la forma de que todas podamos hacer el ballet como ejercicio. No hay nada nuevo, todo depende de la impronta.

 

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“El ballet ha estado muy encasillado a cuando somos niñas. Y después uno dice: ¡Ay, que lastima! Ya soy vieja”

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D: Acá el objetivo es ballet por disfrute, no para el escenario… ¿Cuántas veces a la semana sugerís practicarlo?

FP: El entrenamiento normal y mínimo es de dos horas semanales. O sea, dos clases semanales y con un máximo de cuatro o cinco clases. Tengo un par de alumnas que están muy involucradas, son muy disciplinadas y vienen de lunes a viernes. Pero un entrenamiento normal es dos, tres veces por semana, es lo que se recomienda. Desde ese lugar, no desde un lugar profesional. Es una disciplina que trabaja muy bien el cuerpo, y el mejor ejemplo es el ver a una bailarina. Ella se dedica a hacer ejercicios de ballet, no está en un gimnasio saltando en una pata. Es un cuerpo logrado a través de ejercicios de ballet. Entonces, la idea de hacer ballet como ejercicio es tomar los principios básicos del ballet y darle un jeito, que cualquier persona con o sin experiencia previa pueda realizarlo. Hay alumnas que no saben lo que es la primera posición, no saben lo que es un pliés, no saben lo que es un relevés, y no pasa nada. Todo se aprende de cero.

 

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D: ¿Ves cambios físicos reales en tus alumnas? 

FP: Bueno, todo partió por mí. Parte de mi afán de hacer Ballet for exercise fue mi cuerpo. Me dije: “¿Por qué no puedo volver a tener el cuerpo que tenía cuando hacía ballet?” Ok, entiendo que ya tuve dos hijas, ya pasó el tiempo. Los años pasan. El metabolismo cambia. Entiendo, entiendo, entiendo. Pero, ¿por qué si entreno todos los días, haciendo spinning y musculación, corrida, por qué no puedo tener el cuerpo que tenía antes? Fue ahí donde pensé que tenía que volver al ballet. Me puse inquieta y quise crear algo como para nosotras. Me propuse volver a “ese” cuerpo. Y desde hace seis años que es lo único que hago. Y no te voy a decir que tengo el cuerpo de cuando tenía 20, porque tengo 43; pero me siento bien, equilibrada. Tengo la postura que quiero tener, los músculos donde los quiero tener. Y eso me lo ha dado mi disciplina. Entonces, todo partió de mí como mujer, sabiendo qué es lo que todas queremos.

D: Contanos cómo son tus clases.

FP: Son todas diferentes. Nunca sabés qué te va a tocar, y es algo que me parece de suma importancia. No hay nada memorizado ni automático. Es algo así como qué vamos a trabajar hoy, con qué música, qué impronta. Ahí juega el elemento sorpresa, no hay rutina. Y por otro lado hacer gimnasia es rutinario, debe serlo, es una disciplina. La música también siempre es distinta: un día va a ser rock argentino, la otra va a ser música clásica y la otra va a ser electrónica.

 

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Yo lo veo así: que un día que tiene 24 horas, de las cuales por lo menos 12 son activas, una persona opte por venir a pasar una hora conmigo, escuchándome a mí y repitiendo mis indicaciones, es un honor con letra mayúscula.  Porque es una hora de tu tiempo que lo venís a pasar conmigo y todavía me pagás. Entonces tiene que valer la pena para ti.

 

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“Es una hora de tu tiempo que lo venís a pasar conmigo y todavía me pagás. Entonces tiene que valer la pena para ti”

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D: Tratás de dar lo mejor de vos en cada clase. Y se nota.

FP: Sí, mi lema es: “Be the best you can be”: trata de ser lo mejor que puedas. Entonces yo trato de dar lo mejor de mí en cada clase, dejo el cuerpo y el alma. Y siempre trato de dar una impronta diferente, con ese objetivo de mantener a mis alumnas motivadas, de ver logros. Además, trato que dentro de la misma disciplina ocurran cambios para que el músculo no se acostumbre. Es todo muy intuitivo para mí.

D: ¿Qué te dejaron todos los años en el ballet?

FP: El ballet es disciplina. Y esa disciplina es lo que a mí me ayudó en mi vida. Soy disciplinada con todo. En algunas cosas puedo descarrilar, como comer un poco de chocolate de más (risas).

 

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D: ¿Qué te gusta dejar en la gente?

FP: Con dejarles algo ya me quedo contenta. Me alegro de estar en esa posición. El poder ayudar y lograr cambios en un ratito, a través de mi trabajo, es una bendición, una gracia.

D: Una reflexión final…

FP: Fundamental que hagamos ejercicio. Creo que hay de todo para todos. Salí a moverte una hora, cuarenta y cinco minutos, lo que sea, pero hay que moverse. Me parece importante que la gente incorpore el ejercicio como quien incorpora el almuerzo y la cena. Qué importante que cada uno encontrara su nicho, su disciplina. Cada vez que veo a mi marido tirado, medio bajón, le digo: “Diego, ¡movete!”

 

Contacto:
Ballet for Exercise
Flavia Portella
Cel. 094 612 395
Tel. 2711 33 75
Dir. Scosería 2616 bis
Mail balletforexercise@gmail.com
www.balletforexercise.com

 

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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