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“Podés armar la vida de las personas en función de sus bibliotecas”

Por amor al arte
“Podés armar la vida de las personas en función de sus bibliotecas”

Plantas colgantes, historias secretas, luz natural y un librero de oficio con mucho para contar encontré entre los estantes de Babilonia Libros, en Tristán Narvaja

agosto 26, 2016

 

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Por María José Borges. Fotos Olivia Pérez

Al entrar desde la calle sentí el perfume de los libros viejos, aunque el dueño de la librería ya no lo percibe. Enseguida me distrajeron las plantas colgando desde el techo hasta el piso, los rayos de luz que iluminan los libros por la claraboya y el arte en las paredes. Unos segundos más tardes percibí la despareja disposición de los adoquines, antes de perderme entre los miles de libros a mi merced.

Parece imposible encontrar un título específico en ese mar de autores, pero ellos lo resuelven en segundos. Babilonia es tal vez una de las librerías más ordenadas (y más libres de polvo) de Tristán Narvaja. Además, se cumple allí una regla encantadora: detrás de casi toda librería de textos usados hay un personaje que vale la pena conocer. En este caso es Marcelo Marchese, que además de ser el dueño y uno de esos libreros de los que quedan pocos, es profesor de historia, escritor y columnista de la agencia de noticias Uy.Press. Tiene dos locales de Babilonia Libros, pero el elegido es sin duda el original, el que está en Tristán Narvaja 1591.

Cuando hablamos de literatura me cuenta que sus amores más recientes fueron Roberto Bolaño y Mario Levrero. Cuando piensa en los fundacionales nombra a Wilkie Collins y Dostoievski, pero declara que Baudelaire es el mejor escritor de todos los tiempos y Jorge Luis Borges el mejor de Hispanoamérica.

Marchese tiene aceptado que le roban algunos libros, porque sus autores favoritos robaban libros cuando eran niños y porque incluso él lo hizo alguna vez siendo pequeño. Robar para leer no parece un verdadero delito en la actualidad.

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“Marchese tiene aceptado que le roban algunos libros (…). Robar para leer no parece un verdadero delito en la actualidad”

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Cuando le pregunto si se puede vivir con las ganancias de una librería de usados me contesta: “Sí, lo que necesito lo tengo”. Le creo, aunque al mismo tiempo siento que es uno de esos hombre que consumen mayormente ideas y necesitan un poco menos que el resto de los modernos.

María José Borges: ¿Desde cuándo sos el dueño de Babilonia Libros? 

Marcelo Marchese: Desde el principio, cuando abrimos en 1997.

MJB: ¿Cuál es la historia de esta casa?

MM: Cuando la conseguí esta casa era casi un baldío. Tanto que algunos libreros de la zona me decían que este local se caía a pedazos. Al entrar caminábamos y las hojas de los árboles en el piso nos llegaban hasta las rodillas. Tenía un piso damero de mármol que estaba levantado por las raíces de los árboles de afuera, el cielorraso estaba un poco caído. Lo único favorable además de la ubicación era que la claraboya funcionaba. Ésta casa fue una de esas oportunidades que se dan porque los dueños no se ponen de acuerdo, porque está en sucesión y se la quieren sacar de arriba. Alguien me contó que muchos años atrás fue una carpintería, pero puede haber estado unos 40 años cerrada antes de que la compráramos.

 

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MJB: ¿Qué reformas le hiciste?

MM: Bajamos el piso, le pusimos adoquines que compramos en el puerto a $ 4,50 cada uno, cuando el puerto decidió cambiar el piso y vendía los bloques. Nos gustaba caminar sobre adoquines, caminar sobre la historia que tienen, con tantos años de antigüedad… También había una ventana muy fea y la tiramos para hacer esta gran vidriera. La puerta es original, sólo la mejoramos un poco. Y a las paredes, que estaban descascaradas, les hicimos un bolseado para dejar los ladrillos a la vista. Tiramos una pared muy endeble que estaba en el medio del salón y cambiamos la chapa del techo porque se llovía. También cambiamos los desagües, porque se inundó tres veces y perdimos muchos libros, computadoras…

MJB: ¿Cuál es la historia de las plantas colgantes?

MM: Eso comenzó siendo la solución a un problema, porque cuando llueve la claraboya a veces se desbordaba y el agua mojaba los libros. Entonces pensé que lo mejor era poner macetas para que absorbieran el agua y de paso alimentara a una planta. Al principio puse helechos, pero se murieron porque el sol directo les hace mal. Después llegué a esta planta, el potos, que se reproduce y cuelga por todos lados. Hoy cuelgan en la librería, en mi casa y en la de los clientes, porque la gente me pide guías y yo se las regalo y les enseño a cuidarlas.

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MJB: ¿Y las máscaras?

MM: Un día vino a la librería un personaje enérgico, con una mirada intensa, que hablaba con mucha emoción. Me dijo que hacía mascaras y que quería exponerlas acá. Ya habían venido una cantidad de dementes a ofrecerme de todo y nunca volvían, pero este volvió con dos bolsas de arpillera y llenó la librería de mascaras. Mientras las colocaba hablaba, con un discurso que pasaba de una cosa interesante a otra, sin terminar un tema. Se vendieron muchas y otras quedaron como un sello distintivo. Él se llama Jorge Añon y vende sus mascaras al exterior. Es el típico artista uruguayo al que con cierta dosis de maldad, se lo ningunea, se lo envidia, hasta que muere y todos lo alaban, como a Mario Levrero o Felisberto Hernández.

MJB: ¿Antes de tener esta librería a qué te dedicabas? ¿Cómo llegaste a ser librero?

MM: Era profesor de historia. Tenía una novia que quería que viviéramos juntos y para eso tenía que ganar más dinero. Yo era estudiante y ya ejercía, pero no me daba para todo. Por insistencia de esa mujer de la que estaba enamorado me puse a buscar trabajo. Entonces se me ocurrió que, como no quería tener un patrón y quería seguirme formando, sin entregar un segundo al capital, algo digno para mí era comprar y vender libros. Así lo pensaba en ese momento. Tenía un amigo que tenía un puesto en Tristán Narvaja, así que un domingo, con una vergüenza inaudita, le pedí ayuda y armé un puesto chiquito al lado de él. Más adelante terminé con un puesto de cinco metros y luego con esta librería.

MJB: ¿Con qué libros comenzaste el puesto?

MM: En un principio sacrifiqué libros de mi biblioteca, después empecé a comprar lotes en remates. Hoy en día no voy más a los remates porque la gente me los viene a ofrecer. Me llaman para que vaya a comprar sus bibliotecas.

 

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MJB: Debe ser muy peculiar ir a casas ajenas a comprar bibliotecas enteras, ¿no? Podés armar el perfil de esas personas sin conocerlas…

MM: Sí, totalmente. Armás la vida de las personas en función de sus bibliotecas. Descubrís a qué se dedicaban, si se divorciaron, si tuvieron hijos… Me pasó de descubrir a un hombre que tenía un vínculo con el fascismo italiano y otro que tenía un carné de afiliación al Partido Nazi. Siempre pienso en escribir un cuento en el que el librero descubre un crimen en función de una biblioteca. Pero otra cosa peculiar de ir a comprar una biblioteca a una casa es que muchas veces venden los libros de una persona que murió. Sus hijos o su esposa deciden venderlos. Y hay una parte del duelo que la hacen cuando se desprenden de esos libros, lloran muchas veces, y eso es difícil de soportar para el librero. En ese momento vos estás terminando de matar a su familiar. Esa es la sensación. También hay otras circunstancias menos dramáticas, aunque siempre son provocadas por un cambio. Las personas venden sus libros cuando se van a otro país, cuando se mudan o cuando necesitan plata, y también cuando dejaron de estudiar algo que no les gustaba y se desprenden de esa carga. Siempre les digo que lo mejor que podés hacer con un libro que no te interesa es venderlo, porque de esa manera vuelve a alguien que lo disfruta. Eso que dicen de morir enterrado con los libros es una manera de matar a los libros también.

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“Muchas veces hijos o esposa venden los libros de una persona que murió. Y hay una parte del duelo que la hacen cuando se desprenden de los libros (…). Eso es difícil. En ese momento vos estás terminando de matar a su familiar. Esa es la sensación”.

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MJB: Me imagino que encontrarás dedicatorias interesantes, papeles, fotos…

MM: Sí, en una biblioteca personal encontrás de todo. Cartas, sellos, postales, nidos de pelo… Encontré una foto original del Che Guevara y un mapa de Montevideo de 1820. Y también la copia exacta del documento que los tupamaros escribieron cuando liberaron a Geoffrey Jackson en 1971. Tengo el carbónico en mi casa, casualmente estaba dentro de un libro de la masonería.

 

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MJB: ¿Cuál es la mejor dedicatoria que has leído?

MM: La mejor que vi me la mostró un amigo poeta de Buenos Aires, Alberto Costa, de Cueva Libros. Es una dedicatoria de Juan Carlos Onetti a su hija, escrita en un libro que fue hecho por los principales críticos de Latinoamérica sobre la obra de Onetti. Decía algo así como: “Para mi hija, este libro que no leería jamás en mi vida” (risas).

MJB: ¿Qué te pasa con los libros que tenés que vender pero no te gustan?

MM: Me ha pasado que hay autores que no me gustan, que cuando veo el amor que la gente le pone al libro, me genera una contradicción. Hay escritores que me resultan ilegibles y que para otras personas son fundamentales. Esos te llevan a admitir algo evidente: Que todo autor puede llegar a ser útil para alguien. Yo a Paulo Coelho lo considero falso, inauténtico, pero a otro lo puede iluminar, inspirar o salvarle la vida. Eso no cambia la opinión que tengo de él pero sí me lleva a pensar que nunca sabés lo que un libro puede significar para otra persona.

MJB: El oficio del librero parece estar desapareciendo en Montevideo…

MM: Yo no voy a librerías, pero me han dicho que sí, que es un oficio que se está extinguiendo. Muchos se jubilaron. Esencialmente, el oficio del librero lo encontrás donde se venden libros usados. Porque hay que distinguir entre una librería de libros nuevos y una de viejos. La del shopping no es una librería especializada, ahí se ejerce la dictadura de las editoriales, venden lo que las editoriales les dicen que tienen que vender. En cambio, en una de usados, encontrás los nuevos y además otros que ya no se están editando, y eso te da la posibilidad de sorprenderte encontrando algo que no esperabas encontrar. Eso no te pasa entre los libros nuevos. Pero parece que queda feo regalar un libro viejo. Los libros antiguos tienen historia, éste que tengo acá lo puedo haber leído Borges, por ejemplo…

 

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MJB: ¿Cómo se encuentra un título específico entre estos miles de libros?

MM: Los ordenamos temáticamente y dentro de los temas en orden alfabético por autor, entonces no es tan complicado.

MJB: ¿Cuánto tiempo le dedicas a la lectura hoy?

MM: De mañana leo en la computadora, aunque mayormente leo diarios. Siempre digo que es una pérdida de tiempo pero no lo puedo evitar. Y aparte de eso, como pienso que el poco debate que hay en nuestra sociedad se dirime en Facebook, leo lo que está pasando ahí. En cuanto a la literatura, leo antes de dormir y el fin de semana. Pero creo que hoy dedico más tiempo a escribir que a leer.

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“La mejor (dedicatoria) que vi es la de Onetti a su hija, escrita en un libro que fue hecho por los principales críticos de Latinoamérica sobre la obra de Onetti. Decía algo así como: Para mi hija, este libro que no leería jamás en mi vida”

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MJB: ¿Tenés algún libro tuyo publicado?

MM: Sí, en 1996 publiqué el libro Ocupaciones estudiantiles, utopías al presente en el que critiqué el sistema educativo que tuve que soportar como profesor y como estudiante. Entonces evalué si le ponía mi firma o lo publicaba anónimo, pero como ya tenía la idea de poner esta librería le puse mi nombre. Así que me expulsaron, soy un profesor destituido por eso. No me quejo ni me creo un mártir, porque no quería dar más clases en ese sistema. Después comencé a escribir ensayos y en 2011 junté varios y los publiqué bajo el nombre Pensamiento salvaje. También escribí una novela del estilo de las que luego escribió Gustavo Escanlar, pero en su momento no la publiqué. Ahora tengo otra novela, que se la tengo que llevar a algún editor. Además, actualmente publico una columna semanal en la agencia digital Uy.Press, escribiendo sobre literatura, política, fútbol, sociología, antropología… Hasta algún que otro cuento he publicado ahí.

MJB: ¿Has tenido sueños con los escritores o los libros de la librería?

MM: Sí. Hace poco tuve un sueño en el que alguien me venía a ofrecer libros que había sacado de la basura y entre esos había uno muy valioso, una primera edición, y yo me alegraba mucho. Si lo sicoanalizo veo que fue como encontrar una joya entre el sufrimiento. Pero en general los sueños con la librería vienen por el lado de que se inunda o cosas desgraciadas que prefiero ni pensar.

MJB: ¿Cómo se mantiene la limpieza en una librería de usados?

MM: Aquí hay una señora que viene dos veces por semana y aspira los libros. Si ella no estuviera no sé qué haría.

 

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MJB: Parece haber una cierta mística en convivir con tantos libros…

MM: Sí, pasan cosas mágicas en una librería. En mi nueva novela hay un capítulo en el que lo describo. Lo más loco que me pasó fue que al segundo mes de abrir la librería, un jueves de un calor insoportable de verano, no se vendía nada y yo estaba angustiado. Entonces llegó un cura que hablaba en francés y me pidió libros de religión. Miró los tres que le mostré y me pidió que le dijera cuánto costaban entre todos. Hice las cuentas y el total sumaba $ 666. Entonces le dije que le iba a cobrar $ 665. Me pagó y se fue. Desde ese momento, desde las seis de la tarde hasta las ocho de la noche, batí record de ventas. Y tengo varias historias más. En estos lugares se abren canales por los que pasan cosas raras.

 

Tristán Narvaja 1591, Montevideo
Tel. 2400 80 00
babilonialibros.com

 

 

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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