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La cosmética: ese acto de fe

Cuerpo & Alma
La cosmética: ese acto de fe

Una charla con Florencia Jinchuk, la rebelde creadora de The Chemist Look, la marca uruguaya que intenta derribar los mitos de la industria mundial

septiembre 13, 2016

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Por María José Borges. Fotos Olivia Pérez. 

Comprar un cosmético es un experimento para la mayoría de las mujeres y ni que hablar para los hombres. Con los años ganamos experiencia en el ensayo y error, en el testeo sobre nuestra cara de las promesas que vemos en las etiquetas. Algunas curiosas leemos los prospectos en busca de los componentes que nos inspiran confianza o de los que nunca hayamos oído malas referencias. Otras googlean los efectos adversos. Y otras más audaces cierran los ojos y prueban el efecto paradas frente al espejo del baño. Por eso, suena lógico que cuando la uruguaya Florencia Jinchuk comenzó a publicar sus consejos en el blog The Chemist Look (siendo química especializada en ciencias cosméticas) de la noche a la mañana haya tenido un número de lectoras que crecía exponencialmente.

Florencia estudió en Estados Unidos y volvió a Uruguay hace un año y medio, sin saber cómo desarrollaría su especialidad aquí. Mientras lo decidía -y casi como antioxidante- en julio del año pasado comenzó a escribir en su blog publicaciones como las tituladas “Algunas verdades que nunca te advirtieron”, “Crema para ojos, ¿marketing o realidad?” o “Flo te ayuda a que tu piel no envejezca antes de tiempo (¡atentas chicas jóvenes!)”. Atraídas por estas cuestiones infalibles, más y más mujeres se acercaron a ella, pidiéndole recomendaciones específicas. Pero había un detalle: Florencia no sabía qué productos recomendarles, porque desde que estudia química se prepara ella misma sus cremas ya que no encuentra en el mercado los productos que cree más indicados para su piel. Así fue como decidió hacer sus preparados para compartirlos también con sus seguidoras. Hoy, apenas un año después, The Chemist Look recibe 50 consultas diarias y tiene 12 productos lanzados al mercado con esa marca, que se pueden comprar por Internet.

Quise conocer qué pasó en el medio de ese año vertiginoso y busqué a Florencia Jinchuk. Me costó agendar una hora para charlar con ella porque está ocupada justamente en el desarrollo de cuatro productos nuevos que lanzará en la Mo-Week de octubre. Finalmente una mañana  nos reunimos en su oficina del Espacio Serratosa (en 25 de Mayo y Ciudadela) y conversamos sobre el proceso que la trajo hasta aquí. Sin usar fragancias ni alcohol. Con 26 años. A puro convencimiento e intuición.

María José Borges: ¿Cómo llegaste a ser química?

Florencia Jinchuk: La verdad no lo tengo muy claro, quizás porque cuando te va bien en algo, esa es la clave. Pero no sé, yo digo que podría haber estudiado arte, pero siempre supe que iba a estudiar química. Supongo que porque era buena en esa materia y tuve buenos profesores. La química tiene algo hasta filosófico increíble, más que nada la química y la física cuántica. A veces dicen que los científicos no son tan creativos y eso es mentira, vos para inventar o para descifrar tenés que crear mucho. Y te tiene que gustar, porque es una carrera complicada para que no te guste. Mi momento de disfrute fue el posgrado, que es cuando estudias específicamente lo que te interesa.

MJB: ¿Cómo surgió “The Chemist Look”?

FJ: La marca surgió cuando volví a Uruguay, después de haber estado siete años en el exterior. Viví en Estados Unidos muchos años, yo soy química de profesión y tengo un postgrado en Fisiología de la piel y formulación de cosmética. Cuando volví no sabía bien qué hacer. Como hobby arranqué escribiendo un blog en el que desmitificaba a la industria cosmética, que era a lo que me dedicaba allá. Me fijaba por ejemplo cuando una crema dice que te reduce las arrugas en una semana, investigaba si desde el punto de vista científico era viable lo que prometía, básicamente si era real o mentira. Y en el blog empecé a tirar abajo esos mitos. Decía cosas como que las cremas para ojos no existen, que son iguales al resto. O que hay cremas de US$ 500 iguales a una de US$ 10, y que hay otras de US$ 500 que sí son buenas… Y se empezó a armar como una comunidad. Pero eso me empezó a demandar mucho tiempo, porque empecé a tener muchas preguntas sobre qué producto usar y cuál no, me pedían que les recomendara. En mi caso yo usaba las cremas que yo misma me fabricaba, entonces se me hacía difícil recomendarles. Paralelamente me empecé a quedar sin los productos que yo hacía y necesitaba un lugar para armarlos. Y se dio como simultáneo, estaba toda esa comunidad que demandaba productos y al mismo tiempo yo tenía que fabricarlos para mí porque se me estaban acabando, así que pensé en hacerlos para vendérselos a ellas también, a las chicas de esa comunidad. Después se fue agrandando y agrandando, pero surgió por la necesidad de lo que me pedían las lectoras.

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“Arranqué escribiendo un blog (…) en el que decía cosas como que hay cremas de US$ 500 iguales a una de US$ 10, y que hay otras de US$ 500 que sí son buenas… Y se empezó a armar como una comunidad”

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MJB: ¿Cuántas eran las lectoras en ese momento?

FJ: Serían unas 300 chicas en el inicio, en los primeros dos meses. Ahora se convirtió en otra cosa. Pero nosotras nunca hicimos publicidad, para mí sigue siendo un misterio cómo pasó. De hecho, cuando lanzamos el primer producto yo me imaginaba que lo iba a comprar gente conocida mía, amigas de mi madre, pero no lo compró nadie conocido sino desconocidos y tuvimos muchos más pedidos de lo que pensábamos.

MJB: ¿Cuál fue ese primer producto que lanzaron?

FJ: Lanzamos unos exfoliantes, ácidos formulados a una concentración muy baja, que son casi como el peeling de una cosmetóloga pero para uso diario. La descamación no es visible al ojo humano, vos no te ves pelada, pero sucede. A mí me gusta compararlo con las dietas: hay gente a la que le gusta comer bien siempre y otros que se comen todo y después cada tanto hacen una dieta para limpiarse por unos días. Bueno, estos exfoliantes serían como la primera opción, hacer las cosas bien con tu piel todos los días. Son unos líquidos que te aplicás y no los enjuagas y que además de tener ese efecto exfoliante que no es visible, tienen una dosis de antioxidantes fuerte. Es como un exfoliante, tónico y sérum preventivo todo en uno. Yo siempre me lo formulaba para mí, quería que fuera un líquido fácil de poner y le agregaba todo lo que le podía para reducir la cantidad de pasos en la rutina.

 

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MJB: Cuando fabricabas estos productos para vos, ¿dónde lo hacías?

FJ: Cuando vivía en Estados Unidos muchas veces lo hacía en la Facultad. O en lo de mi amigo Ramón, dónde teníamos armado una especie de laboratorio en su cocina. Pero acá eso no es viable, en Uruguay trabajamos en un laboratorio aprobado por Salud Pública, pero cuando hacía los productos para mí los hacía en cualquier parte. Son fórmulas que yo siempre tuve claras. En química una cosa es el desarrollo y otra la preparación. Una vez que el desarrollo está hecho, lo hace cualquiera. Es como cocinar, como seguir una receta. Lo raro es que no me gusta cocinar (se ríe).

MJB: ¿Hoy tenés tu laboratorio?

FJ: No, tengo la fabricación tercerizada en un laboratorio que está aprobado por el Ministerio de Salud Pública.

MJB: ¿Cómo comercializas tus productos?

FJ: Sólo se pueden comprar por Internet. Los enviamos a domicilio o las clientas pueden pasarlos a buscar por aquí (el Espacio Serratosa, en 25 de Mayo y Ciudadela). Tuvimos propuestas de venderlos en farmacias y en tiendas pero por ahora no me interesa sacarlo de lo on line. Ahora hay stock en Magma de Carrasco pero fue una oportunidad puntual.

MJB: ¿Cómo fue el proceso desde ese primer producto hasta ahora?

FJ: Mirá, en mi cabeza siempre tuve claro todos los productos que podía y quería formular. Tengo clara la rutina y sé perfecto los activos que tendrían que tener. Voy de a poco porque los quiero formular tranquila y porque a veces no hay materia prima en Uruguay, no hay envases, hay que hacer pruebas de estabilización… Pero tengo clarísima cuál es mi teoría de cómo deberías cuidarte la piel, qué activos tengo que formular y cómo. Lo hago de a poco por un tema de tiempos.

 

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MJB: ¿No hay materia prima en Uruguay?

FJ: Bueno, a veces no encuentro los componentes que a mí me gustan. Una cosa son los activos y otra los excipientes, pero la calidad de la materia prima no es siempre la misma, es como comprar azúcar, no todo el azúcar es igual. Hay que probar. Tampoco hay envases, los importo de Estados Unidos. No es algo muy rápido porque además tenés que registrarlo en Salud Pública, no estás vendiendo una remera, son productos para la piel…

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“Hay dos cosas en cosmética. Una es lo que realmente tiene el producto y otra es la teoría de quien los formula sobre por qué deberías usar un componente y no otro”

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MJB: ¿Cuánto demora Salud Pública en aprobar productos de este tipo?

FJ: Más o menos un mes.

MJB: ¿Qué le responderías a alguien que se pregunta cuál es la diferencia entre tus productos y los de las grandes marcas?

FJ: Hay dos cosas en cosmética. Una es lo que realmente tiene el producto y otra es la teoría de quien los formula sobre por qué deberías usar un componente y no otro. Yo te puedo decir, por ejemplo, que el 90% de los productos para el acné tienen alcohol, y el alcohol deshidrata la piel y genera irritación, y a la larga te puede empeorar el acné. Pero vos me vas a preguntar por qué el alcohol está en casi todos los productos contra el acné, si yo soy la única que sabe que no se debería usar. Claramente no. Pero es que una persona con piel grasa lo que busca es una crema que sea súper liviana, que absorba rápido y que no la sienta. Eso sólo lo genera el alcohol. Entonces ahí está mi teoría de que eso no lo deberías usar, respaldada en estudios, claro, pero después está lo que quiere la persona en el momento.

MJB: ¿Qué otras diferencias tienen?

FJ: Mis productos no tienen alcohol ni fragancias. Y otra diferencia con las grandes marcas es lo que dice la etiqueta que tienen, comparado con la realidad, porque en cosmética vos podés usar una pizca de un ingrediente y con eso ya te alcanza para ponerlo en todas las etiquetas y decir que es el ingrediente estrella. Ojo, yo uso productos de otras marcas, seguro, pero a veces no encuentro lo que yo quiero y ahí es cuando los preparo. A veces no tienen el componente que yo quiero y otras veces los activos no están formulados con la concentración que considero la más adecuada. Un ejemplo es la Vitamina C, no hay ningún producto en Uruguay que tenga Vitamina C en una concentración del 15%. Hay con un 5%, pero la efectividad de la Vitamina C es al 15%. Entonces yo la hago así. Estos no son productos patentados, no es una investigación científica, no es un descubrimiento. Es casi una forma creativa y personal de entender cómo cuidarte la piel, cómo debería estar formulado cada producto, en qué concentración, combinado con qué componentes y en qué pasos de la rutina usarlos. En base a lo que estudié y a mis conclusiones.

MJB: ¿Tus productos son anti-edad?

FJ: Mirá, a casi todos los productos que yo formulo les podría poner “anti-age” en la etiqueta, pero no me gusta usar esa palabra, porque seguro vos no precisas el mismo “anti-age” que la persona que está al lado. Entonces yo no formulo cosas genéricas, formulo activos concentrados en su máxima potencia y te digo para qué sirven y cómo usarlos para que funcionen bien en tu piel. Les pregunto a las chicas qué es lo que les preocupa, si les preocupan las manchas, las líneas de expresión… Ellas no necesitan un “anti-age” genérico sino algo puntual para tener resultados puntuales.

MJB: Si todas las pieles son distintas, ¿cómo hacés para asesorar a tus clientas?

FJ: Ellas me dicen qué necesitan y yo les digo qué activos les servirían para eso.

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“Mis productos no tienen alcohol ni fragancias. Y otra diferencia con las grandes marcas es lo que dice la etiqueta que tienen, comparado con la realidad, porque en cosmética vos podés usar una pizca de un ingrediente y con eso ya te alcanza para ponerlo en todas las etiquetas y decir que es el ingrediente estrella”

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MJB: ¿Eso te lo escriben a través del sitio en Internet o de Facebook?

FJ: Sí.

MJB: ¿Te encargás de leer cada consulta?

FJ: Hoy tengo una chica que trabaja conmigo y hay muchas preguntas frecuentes que ya las conocemos. Si aparece alguna pregunta distinta entonces me la pasa a mí, porque yo no me puedo encargar de todo. Tenemos entre 40 y 50 consultas por día. Una pata grande de la empresa está dedicada a la recomendación.

MJB: Es como un cierto acto de fe que hacemos las mujeres que desconocemos de química cuando compramos cremas…

FJ: Sí, tenés que confiar y probar. Es como cuando comprás una joya y te dicen que es de oro, puede ser un pedazo de chapa pintada y yo no sé distinguirlo. Implica confiar en quién está del otro lado, porque no tenés opción. Además, nosotros tenemos política de devolución 100%, si no te gustó un producto te devolvemos el dinero, como debe ser. Eso es una de las cosas que más aprendí de vivir siete años en el exterior, que el cliente siempre tiene la razón. Porque acá si no te gusta lo que compraste, te obligan a elegir otra cosa. Yo tengo clarísimo que si una de mis cremas no te gustó, no tengo por qué obligarte a comprar otra cosa mía. Te devuelvo la plata y te vas a comprar la crema que necesitas en otro lado.

MJB: ¿Tus productos están diferenciados por edades? ¿Hay componentes que no podés usar a determinada edad?

FJ: Yo no creo mucho en eso. A veces no queda otra que generalizar, porque además yo no soy clínica, no te atiendo directo, no te miro ni te toco la piel. Pero no confío tanto en esas generalizaciones de las edades porque te puede caer una chica de 19 años con la piel reventada por el sol y tal vez podés necesitar un ingrediente fuerte, un retinol, porque es lo único que la va a ayudar. El retinol se marketinea como que es para “pieles maduras”, lo cual también es un término muy relativo. Sí es verdad que por lo general las pieles de más edad tienden a ser más secas, entonces las cremas para mujeres grandes las hacen más pesadas, pero no siempre es el caso. Y las chicas más jóvenes tienden a tener acné, pero hay mujeres con acné adulto, en la menopausia por ejemplo. Es mucho más común de lo que la gente cree tener acné y arrugas juntas, que se te junten los granitos con las patas de gallo. Entonces depende. Se tiende a dividir por edades para generalizar, porque es más fácil, pero también creo que es por una cuestión de marketing. Porque si una crema te dice que es para mujeres de 50 años, y vos tenés 50 años, vas a sentir que es para vos. Mis productos no están divididos por edades.

 

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MJB: ¿Pensaste en crear un protector solar?

FJ: Sí, estoy en eso, lo estoy cocinando desde hace tiempo, pero es mucho más difícil de formular. Porque tenés que probar que es factor 30, por ejemplo, hay que cumplir todo el rango, ver la absorción, tiene que cubrir los rayos UVA y UVB, y una vez que lográs el factor tenés que lograr que aguante en el tiempo y además de todo eso, tenés que hacer que quede lindo, que no te ardan los ojos, que no quedes toda blanca… Es uno de los productos más difíciles de hacer. Pero no hay mejor “anti-age” que el protector solar.

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“Es uno de los productos más difíciles de hacer. Pero no hay mejor anti-age que el protector solar”

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MJB: ¿Y pensaste hacer cremas corporales?

FJ: Sí, también estoy trabajando en eso. Ahora vamos a sacar alguna.

MJB: ¿Cuál es la mejor experiencia que tuviste con una clienta?

FJ: Me pasó de todo, en la web tenemos fotos de los “antes y después” que vale la pena ver. Pero tuve un caso muy particular de una chica que se casaba y que tenía un acné adulto fuerte, que es muy difícil de controlar, y hasta el día del casamiento mientras se maquillaba me seguía mandando fotos de cómo le había cambiado la piel en 20 días. Ese caso fue extremo, porque cuando ella me contactó, yo no tenía stock de productos. Me contó su historia y yo le dije lo que me parecía que tenía que hacer, es decir, dejar de usar todo lo que estaba usando, esos productos fuertes que te dejan toda irritada, que al final no sabés si preferís tener un grano o estar toda roja y con la piel pelada. Pero le dije que pasara por mi casa y le di mis propios productos, los que tengo en mi baño, para que se los llevara y los probara. Fue toda una responsabilidad para mí, porque se casaba en 20 días y le tuve que decir que dejara lo que estaba usando. Y yo tampoco tengo la bola de cristal. Pero funcionó. Eso no significa que funcione siempre, porque no hago magia. Yo puedo formular con la mejor intención, pero cada piel es un mundo. Además, yo no sé lo que hace la gente adentro del baño, si se pusieron el doble de concentración o mezclaron los productos. Eso no lo puedo manejar.

MJB: ¿Qué es lo que esperás tú cuando compras una crema?

FJ: Lo que busco siempre es que la piel quede con más luz, menos apagada. Una crema nunca va a sustituir al láser ni a la cirugía, eso es imposible. Así que lo que yo espero de un cosmético es que me deje la cara fresca, con luz, limpia, que no sienta que me tengo que maquillar o que tengo la piel cansada. Si tenés un surco enorme yo no te lo puedo sacar, porque no hago magia, pero sí lo puedo mejorar, suavizar. La apariencia mejora y siempre podés prevenir. Es un hecho que si usás productos bien formulados te vas a ver mejor.

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Datos útiles

Su oficina está en Espacio Serratosa (25 de Mayo 745 esquina Ciudadela) pero las compras y consultas se realizan on line, a través del sitio www.thechemistlook.com y de la página de  Facebook The Chemist Look.

 

 

 

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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