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El gozo de descubrir la propia voz

Cuerpo & Alma
El gozo de descubrir la propia voz

Magdalena Pacheco nos invita a nunca más decir “Yo canto mal” y a descubrir en cambio, la voz y el canto como caminos para sanar, celebrar y conectar

septiembre 20, 2016

 

 

Por Dolores de Arteaga. Fotos Olivia Pérez. 

Su casa es un remanso de paz. La buena energía se siente en el ambiente. El aire fresco, todavía invernal, se cuela por las ventanas que la dueña de la casa mantiene abiertas de par en par. Escucho el dulce sonido de los pájaros. Escucho también, como hace tiempo no lo hacía, el fuerte motor de una heladera. Me pregunto si las personas nos iremos acostumbrando a no escuchar. A no escucharnos. A no sentir.

En medio de ese refugio verde vive Magdalena Pacheco. Ella es la única instructora de Yoga de la Voz de nuestro país. Un tipo de Yoga que se centra en la voz como energía vital. Su práctica integra variadas tradiciones de la cultura del canto orientadas a liberar la voz, despejar la mente y lograr una sanación a nivel de conciencia, cuerpo y espíritu. Según Magdalena: “El término ‘Yoga de la Voz’ fue acuñado por Silvia Nakkach (pionera en los usos creativos y sanadores de la voz), quien fundó la escuela The Vox Mundi (con sedes en Estados Unidos, India, Brasil y Japón), donde enseña esta disciplina”. Nakkach también es autora del libro Free Your Voice.

Magdalena, mamá de Yann de 25 años, de Txaia de 23 y abuela de Kawai de apenas unos meses, me invitó a participar de una práctica. Me gustó mucho experimentar con el Yoga de la Voz. Y me di cuenta que como todo, requiere de una práctica sistematizada para lograr buenos resultados. Con solo una clase no pude seguir el ritmo como corresponde. En determinado momento de la práctica pensé: “¿Estaré internamente tan desalineada, o será que por falta de práctica no estoy pudiendo seguirla?” Traté de quedarme con lo segundo…

Dolores: Yoga de la Voz, con tus palabras.

Magdalena Pacheco: Se llama Yoga porque integra el cuerpo, la mente y el espíritu. Uno parte del silencio, de ese sonido universal. Y después vamos a utilizar nuestro cuerpo, que es nuestro instrumento. Así como el guitarrista afina su guitarra antes de un concierto, nosotros también afinamos nuestro cuerpo antes del Yoga de la Voz. Luego vamos pasando por una serie de etapas. Son prácticas sistematizadas. Lo que hacemos es cantar recopilaciones de cantos sagrados de varias tradiciones, como volver al canto de las culturas ancestrales: mantras, cantos indígenas, música afro brasilera, música peruana, etcétera. Antes el canto se usaba para sanar, para celebrar, para conectarse con los elementos de la naturaleza. Después la música fue evolucionando, y hoy día la tenemos como entretenimiento. En fin, la esencia de la música es conectarse con la esencia de cada uno, porque la voz es nuestra esencia.
En el Yoga de la Voz uno va abriéndose, va entrando en conjunto con su voz. Es un camino. Una vez que entrás en contacto con la voz, descubrís otros universos, otros estados de conciencia. Es una herramienta de mucho crecimiento. Es un camino en sí. Descubrís tu propia voz.

D: ¿Cómo se te ocurrió empezar con esto?

MP: Yo toda mi vida había cantado amateur, en mi casa, con hermanos y primas, a varias voces. Hasta que empecé a hacerlo profesionalmente con Los Casal, una banda fusión de música celta. Estuve con ellos desde sus orígenes, cuando se fundó la banda éramos seis hombres y yo. Y, paralelamente, ejercía como maestra de inglés de un colegio. En el 2007 conocí a una brasilera, Alba Lirio, instructora de Yoga de la Voz. ¡Y me impactó! Digamos que todas las herramientas vienen. Es mágico. Siento que cuando uno está pronto el maestro aparece.

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“Sentís que tu voz habita en todo tu ser. Te calma absolutamente. Te deja en otro estado de conciencia. Mucho más conectada contigo misma y con todo lo que te rodea”

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D: ¿Y a partir de ahí seguiste en este camino, sin dudarlo?

MP: Sí. Fui a un par de talleres nomás. Porque a partir de ese día ya me encantó y la empecé a seguir. También fui a cursos con Silvia Nakkach, que fue la maestra de Alba Lirio. Y en una oportunidad Alba me dio la chance de hacer la formación, diseñándome un plan de estudio intensivo, yendo tres veces a Rio durante un año.Una divina Alba, mi maestra, cómo me abrió la cancha.

D: Hoy, ¿te imaginás tu vida sin la práctica del Yoga de la Voz?

MP: No, no me imagino sin cantar y sin conectarme con otras personas a través de la música y el canto. Es mi pasión, mi vida. ¿Viste cuando un niño dice a qué le gusta jugar? Bueno, a mí me gusta jugar a esto: a cantar, al Yoga de la Voz. Yo lo llevé más a un plano de integrar lo que es el hábito terapéutico, por eso me puse a estudiar medicina china que no estaba en mis planes, y es a lo que también me dedico actualmente.
El Yoga de la Voz lo vas integrando a tu vida, es un estilo de vida, una forma de ser, una forma de sentir. El sonido es como una herramienta de sanación. La música es como un camino espiritual, especialmente la voz.

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“Es mi pasión, mi vida. ¿Viste cuando un niño dice a qué le gusta jugar? Bueno, a mí me gusta jugar a esto: a cantar, al Yoga de la Voz”

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D: ¿Se hace solo con fin terapéutico?

MP: No, está la parte de healing (sanación) y la parte artística. Hay cantantes que lo practican para mejorar su voz, porque mejorás la calidad ampliamente. Yo lo percibí en mi misma. Yo siempre fui por el lado terapéutico. También hay gente que practica este tipo de Yoga para conocerse más, para sentirse mejor, para mejorar su autoestima. Pero digamos que el tema de la voz está. La voz ha sido muy vapuleada desde siempre, en todo sentido.

D: ¿A qué te referís con esto último?

MP: En las escuelas tienen la costumbre de dividir la voz A, la voz B; “vos no cantes”; “vos mejor salí del coro”. A mí me llama mucha gente con trauma de “Yo canto mal”; “Me fascina cantar pero siempre me dijeron que cantaba horrible.”

D: ¿Por qué otros temas te consultan?

MP: Mucha gente porque lleva una vida de mucho estrés, algo muy común actualmente. Y sobre todo las mujeres, que hemos cambiado nuestro estilo de vida. Hoy en día tenemos que salir a batallar en el mundo. También tenés casos de afonía. Así como también veo gente que no se puede expresar, que no puede soltar la voz, es decir, que le encantaría poder expresarse a través de la voz y no puede emitir los sonidos.

D: ¿Y ahí es algo emocional?

MP: Totalmente. Van al médico y no tienen nada físico. O sea que es puramente emocional. No hay una relación cómoda con la voz, generalmente por prejuicios.
Y para eso nada como el Yoga de la Voz, ya que es una práctica que te deja con paz interior. Silvia Nakkach tiene un mantra genial que es “First feel free” (Primero sentite libre). Sacarse los prejuicios, nunca más decir “yo canto mal”, nunca más decir “yo no tengo voz”.

D: El Yoga de la Voz en ti misma…

MP: Sentís que tu voz habita en todo tu ser. Te calma absolutamente. Te deja en otro estado de conciencia. Mucho más conectada contigo misma y con todo lo que te rodea. El objetivo de este canto no es solamente conectarte y mejorar tu voz y tu estado emocional y mental, sino que te abre a la escucha absolutamente.

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“La voz ha sido muy vapuleada desde siempre. En las escuelas tienen la costumbre de dividir la voz A, la voz B; ‘vos no cantes’; ‘vos mejor salí del coro’. A mí me llama mucha gente con trauma de: ‘Yo canto mal’”

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D: ¿Y por qué te abre a la escucha?

MP: Porque una de las prácticas que tenemos se llama deep listening (escucha profunda), que es la práctica de escuchar. Y te das cuenta cómo escuchás más los sonidos distantes, así como también los sonidos cercanos. Siempre después de la práctica de un canto, hacemos el silencio y la escucha. Es increíble cómo empezás a escuchar sonidos a los que antes no prestabas atención. Y voy más allá, esto de escuchar mejor es fundamental hoy día para el vínculo entre las personas.

D: ¿Por qué te parece que hoy día la gente no escucha?

MP: Y bueno, por el ruido interno que tenemos, la mente se llena de cosas. El Yoga de la Voz es una experiencia transpersonal, siempre dice Silvia. Yo salgo de mí, de mi pequeño yo, de mi ego, de mi cosita, de mi problemita, de mí, mí, mí. Salgo, trasciendo. Me voy a otro estado de conciencia. Es una forma de meditar. Apago mi mente por un rato y acabo con esa cháchara interna.

D: Me vienen a la mente los cantes flamencos, con esa compenetración que muestran, ¿ahí no están haciendo Yoga de la Voz?

MP: Se podría decir que sí, porque se canta realmente desde el corazón. Justamente ahí ves lo que es cantar buscando esa conexión con tu voz. El canto de los gitanos es un canto sagrado. Son pueblos que han sido perseguidos e igual siempre mantuvieron su libertad, siempre mantuvieron su alegría y su arte, su canto y su baile.
También sería el caso de una persona que está cantando en una murga, porque está totalmente compenetrada con su voz.

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“Una de las prácticas que tenemos se llama deep listening (escucha profunda), que es la práctica de escuchar (…). Esto de escuchar mejor es fundamental hoy día para el vínculo entre las personas”

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D: Entre todo lo que hacés, ¿qué es lo que más te completa como ser humano?

MP: Yo hace años decía, que el que sepa que hace algo bien, que lo pase, que no se lo quede adentro. Y un poco es esa la sensación. A mí me da tanta felicidad y tanto placer y tanto, esto que hago… Mi voz y cantar es todo en mi vida. Donde me encuentre, estoy cantando, hasta en las situaciones más insólitas. Y arengando a la gente a cantar. El canto es una herramienta tan poderosa.

La voz es una herramienta poderosa de conectar con uno mismo y con otro estado de conciencia. Con la parte más esencial de uno. Ahí uno es auténtico absolutamente. Cuando descubrís eso, que te podés relacionar con tu voz, estás relacionándote contigo mismo. Y es un goce.

D: Como reflexión final…

MP: Es una gran aventura esto. De eso se trata esta vida de servicio. En la Escuela de Medicina China dicen: “Veinticuatro horas y más…” Pasás a estar abierto a lo que se precise.

 

Contacto
Magdalena Pacheco
Cel: 099 231 013
Mail: magdapacheco1@hotmail.com

 

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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