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“Mi viaje, más que por una época, va por lo fantástico”

Cuerpo & Alma
“Mi viaje, más que por una época, va por lo fantástico”

Inmersa en un mundo como de fantasía, Pilar de León trabaja el fieltro con tiempos de otra época

Mayo 26, 2017

 

 

Por Dolores de Arteaga. Fotos Olivia Pérez

Entrar en el taller de Pilarica de León, instalado en una casita al fondo de la suya, fue como ingresar a un lugar entre mágico y real. De a momentos, me sentí en una casita de los cuentos de hadas. Cortinas de macramé, con diseños de casas y árboles, completaban la escena. Por más de una hora, su lugar de trabajo y ella, Pilarica, con su especial forma de ser, me fueron atrapando en ese mundo que, de a momentos, me pareció detenido en el tiempo.

Pilarica se dedica al arte del fieltro desde el 2011. Después de la crisis del 2001, su marido se quedó sin trabajo. Familiarmente vieron en Buenos Aires un buen destino para seguir adelante. “A mí me atraía la metrópolis, y la más cercana era esa. Nos hizo muy bien a todos. Nos dio otra mirada de la vida, de cómo movernos. Primero, vivimos en General Rodríguez, un pueblito quedado en el tiempo, y después nos fuimos a Avellaneda, al barrio Piñeyro, muy parecido a Malvín. Ahí hicimos un grupo de amigos fraterno. Pero mis hijos nunca se adaptaron del todo, querían estudiar en Uruguay…Y volvimos.”

Ella, que hoy se ve a sí misma como romántica empedernida, muy Sarah Kay, creativa, curiosa y siempre tratando de estar de buen humor, se recuerda como una niña con mucha imaginación: “Siempre me atraparon las historias fantásticas. Harry Potter. El Señor de los Anillos.” Y, como dice uno de sus hijos, todo lo que hace con sus manos tiene mucho de “élfico”.

Su nombre de pila es María del Pilar, heredado de una amiga madrileña de su mamá, a la que apodaban “Pilarica”. Su mamá moría con ese sobrenombre, y cuando quedó embarazada de su hija, la bautizó María del Pilar, con la idea de que le dijeran “Pilarica”. Pero resulta que por esas cosas de la vida, en su casa optaron por “la corta”, Pilar, o por el esperado sobrenombre “Pili”. Por eso, el día que surgió su emprendimiento, le puso La Pilarica Fieltros, en homenaje a la española, que además cosía y bordaba como ella, y a su mamá, por haber sido la ideóloga. “Ahora mucha gente me dice Pilarica por el nombre de mis fieltros, ¡y me gusta!”, me cuenta. Y dicho sea de paso, yo también la llamo así…

Dolores: Empezaste con el fieltro a tu regreso de Buenos Aires.

Pilarica de León: Sí. Yo había visto algunas cosas de fieltro en Buenos Aires y me vine con alguna idea. Tenía claro que lo que hacía allá, no lo iba a poder hacer acá, por un tema demográfico y por los materiales, ya que en Montevideo me iba a ser difícil encontrarlos. Yo allá diseñaba accesorios para damas, trabajaba en forma independiente y vendía por Buenos Aires y el Gran Buenos Aires. Cuando volvimos a Montevideo, pensé y opté por la lana, ya que la venía trabajando hacía un tiempo. Empecé a buscar a alguien en Uruguay, y encontré a Alena Mistra, rusa, que se había venido con su familia hacía poquito desde Moscú; su hobby es el fieltro y lo trabaja muy bien. Ella vivía en La Floresta, yo me iba una vez por semana para allá, y trabajábamos con lana merino.

 

 

D: Los rusos trabajan mucho el fieltro…

PdL: Sí, muchísimo. Los registros más antiguos del tema del fieltro están en la tribu de los Escitas, que habitaron la región de Mongolia, la frontera rusa; por eso hay una tradición del fieltro en el pueblo ruso, a la que se le ha agregado en los últimos años mucho valor de llevarlo a una apariencia más industrial. Se lo está trabajando muy bien. Además, es un pueblo con mucha manualidad y artesanía.

D: Se nota que te gusta la historia.

PdL: Es que si no me hubiese dedicado a esto, seguramente hubiese estudiado Historia. Considero que para manejar un material, tenés que creer en el proceso. Y no podés seguir desarrollando el proceso si no conocés de dónde viene, la historia detrás. Por lo general, averiguo e investigo mucho sobre lanas y vegetales, y eso me ayuda a tratar de cometer la menor cantidad de errores posible, y a seguir desarrollando estrategias. Si tengo que leer de Química, lo hago.

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“Es que si no me hubiese dedicado a esto, seguramente hubiese estudiado Historia. Considero que para manejar un material, tenés que creer en el proceso. Y no podés seguir desarrollando el proceso si no conocés de dónde viene. Averiguo e investigo mucho sobre lanas y vegetales”

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D: Integrás mucho la naturaleza a tus fieltros.

PdL: A mí no me gusta el tema del fieltro con los colores sintéticos. Uso lo que tengo en la mano. No me atrae la paleta color fuerte, si bien la trabajo, no me atrae. Teniendo en cuenta el cuidado del medio ambiente, empecé a investigar cómo se teñía antes de que se inventara la anilina sintética, y descubrí que había una gama de colores elaborados a partir de tintes naturales como la cochinilla, por ejemplo. La cochinilla es un parásito que habita en las tuneras, es originaria de América. La hembra produce ácido carmínico, de ahí viene la palabra carmín. De ahí se extraen rojos, naranjas, rosas, violetas. Los verdes los tomo del eucaliptus, la carqueja, la yerba, el cobre; la piel de la cebolla da un dorado precioso. El azul lo hago a partir del índigo, del extracto de una planta que da azules.

D: ¿Seguís tendencias?

PdL: Digamos que las miro por los largos, pero tengo mi propio viaje.

 

 

D: ¿Qué te ayuda a tener tu propio viaje?

PdL: Y la verdad es que mi “viaje”, más que por una época, va por lo fantástico. Me gusta el aire, el vuelo. Lo que tiene que ver con el mar, las alas… De la historia, me gusta mucho todo lo que tiene que ver con las décadas de principio del ‘900, cuando las mujeres empiezan a romper en el tema de la vestimenta, cuando se abandona el corsé, se acortan las polleras, la mujer se sube a la bicicleta, maneja un auto, etcétera. Adquieren más movimiento, pero a su vez conservan el gusto por la elegancia y el buen vestir, cuando empieza a haber más variedad textil, porque hay una nueva mujer que busca nuevos materiales. Además me crié en un taller de costura, porque mis tías cosían todas.

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“Mi ‘viaje’ más que por una época, va por lo fantástico. Me gusta el aire, el vuelo, el mar, las alas (…). Me gusta el ‘900, cuando las mujeres empiezan a romper en el tema de la vestimenta, cuando se abandona el corsé, se acortan las polleras, la mujer se sube a la bicicleta…”

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D: Entonces hay una suerte de herencia familiar. Contame un poco sobre eso.

PdL: Mi tía Elba era la dueña del taller, hacía alta costura, y sus hermanas trabajaban con ella, salvo un par de rebeldes como mi madre que solo iba a veces a hacer terminaciones a mano. Mi tía fue una mujer que tuvo su creatividad, muy buen gusto y una confección impecable, pero como fue una mujer de época no tuvo a alguien que la ayudara a desarrollar esa creatividad. De alguna manera, yo creo que soy heredera de ella sin tocar una máquina. Me crié ahí adentro, con las telas, las texturas, las combinaciones, con el corte…Y todo eso es como una memoria visual que yo tengo.

D: Decís que “sos heredera sin tocar una máquina”. 

PdL: Es que yo hago una moldería de fieltro, la cual es muy distinta a la moldería de la costura tradicional. El fieltro que hago yo, no lleva costuras.

D: Sos autodidacta. 

PdL: Sí. Las carreras están buenas y te dan los elementos necesarios como para que puedas desarrollarte, pero lo principal es que seas una persona creativa.

D: ¿Cómo definirías tus prendas?

PdL: Yo no quería hacer una artesanía quedada en el tiempo, quería que tuviera diseño, que tú la pudieras usar en la mañana, en la tarde y algunas cosas en la noche. Pensé en algo más contemporáneo.

 

 

D: ¿Qué es lo que más te “cuelga” de tu trabajo?

PdL: Me cuelgo con el tema de las texturas, a mí me gusta la mezcla. El fieltro lo que tiene es que es muy vivo, empezás con una idea en la cabeza y en el proceso del afieltrado, el resultado es algo muy distinto a lo que tu pensaste. Porque la seda, el bambú, o la gasa se mueven, se corren, se inflan, o se impregna más del vellón. Y por lo general, lo dejo correr.

D: Contáme sobre las técnicas que trabajás.

PdL: Trabajo mucho con el moulage, que es un patronaje que se hace directamente sobre el maniquí. Se hace con un liencillo; en la confección tradicional, primero el maniquí se adapta con las medidas de la clienta, y ahí vas aplicando ese liencillo, lo vas plegando, y después se corta con esa forma que lo sacás del maniquí y lo pasás a la tela. Yo lo que hago es algo extraño, si bien trabajo sobre el maniquí, lo aplico al fieltro que no tiene nada que ver con la confección tradicional. Yo a esta altura, que ya conozco bastante, voy jugando con el maniquí, tengo un pedazo de seda y uno de fieltro y lo voy aplicando.

Con el fieltro tomo las medidas de la clienta y después construyo el patrón sobre papel, que luego lo traslado a la tela, o hago el molde sobre plástico de burbujas, y sobre eso monto el fieltro y hago el vestido o lo que fuere. Hay un imaginario de que el fieltro se hace amasando y no es así, el fieltro mío prácticamente no tiene amasado, sino que tiene todo un trabajo previo a mano; por eso digo que mis prendas llevan bastante tiempo. Dentro de las diferentes técnicas del fieltro, hay una que fue desarrollada por los japoneses, que es el fieltro nuno, que es con la que más me engancho. Es el vellón de merino mezclado con gasa de algodón, de seda de bambú, todo natural. Un sistema de atados con el que se estampan las telas, se van cosiendo, y luego se tiran para que la tela se encoja; y ahí se tiñe. Cuando sacás esas ataduras, te quedan unos diseños fantásticos. La lana es un material muy manuable. Ahora con una amiga tenemos la idea loca de mezclar el algodón que cae del palo borracho, vamos a probar a ver qué sale.

 

 

D: ¿Qué variedad de piezas ofrecés?

PdL: Chales, kimonos, carteras, vestidos, chaquetas, faldas, lo que sea. Se pueden hacer tapices, vasijas, y a partir del molde plano se pueden montar piezas en 3D. La infinidad de posibilidades es lo bueno y lo que te engancha.

D: ¿Cuánto te lleva hacer una prenda? Es “moda lenta”.

PdL: Sí, es slow fashion. Y esa es una de las cosas que más me engancha. Un vestido muy texturado y con mucha elaboración, me puede llevar quince días, tranquilamente. Si voy a hacer un chal, me gusta empezar a la mañana y terminarlo por la tarde. El fieltro en sí, es pieza a pieza.

D: Hay que tener extrema paciencia.

PdL: Yo soy una persona muy ansiosa y es muy terapéutico. Hay que tenerle paciencia a la fibra ya que se agota. Eso de abrir y cerrar las escamas, hay que hacerlo con cuidado, para que la fibra no se agote y no te quede mal la pieza. El fieltro necesita precisión, a mí me ha servido para trabajar las ansiedades.

D: ¿Tenés mucho fieltro en tu ropero?

PdL: (Risas) Tengo tres o cuatro piezas nada más, me gusta más hacerlas para otra persona…

D: ¿Quién es tu público?

PdL: Mis vestidos no son para jovencitas, sino para chicas ya más grandes. Creo que las más jóvenes buscan más lo que se usa, están más en la edad de usar algo uniforme que para diferenciarse, aunque alguna siempre hay. Por lo general, la que lo compra es una chica de 20 años largos, que quiera tener algo único y exclusivo, y que esté pronta para soportar muchas miradas (risas).

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“Por lo general, la que compra (mis piezas) es una chica de 20 años largos, que quiera tener algo único y exclusivo, y que esté pronta para soportar muchas miradas”

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D: Con tanto fieltro en la vuelta, ¿qué te diferencia de los demás?

PdL: Soy diferente, modestamente, y es la idea. Compito conmigo misma siempre, y me gusta la creatividad, innovar, buscar, hacer algo distinto. Lo que ya conozco mucho, me aburre; tengo que ir detrás de un nuevo desafío. No me gusta “hacer la plancha”.

D: Hoy está de moda el fieltro. ¿Por qué creés que haya resurgido?

PdL: Es que de alguna manera estamos rescatándonos de la rutina. Pululan talleres, espacios culturales, donde la gente va a hacer diferentes disciplinas. El boom “de casa al trabajo y fin de semana al shopping”, agotó, por suerte. Nos estamos replanteando la vida y reencontrándonos de alguna manera. Y el fieltro forma parte de estas disciplinas de terapia. La gente dice “¡Qué novedoso el fieltro!”, cuando es algo antiquísimo. Cuando la gente llegaba al Río de la Plata, venía vestida de fieltro.

D: ¿A futuro te ves trabajando en el fieltro?

PdL: Sí, creo que finalmente encontré lo que me gusta y lo que quiero hacer de aquí en más. Pero no solo quiero quedarme con el fieltro, sino incursionar en otras cosas, ya sea en las sedas, los algodones, en los teñidos naturales… Voy a seguir por allí. Me gusta mucho el tema del reciclaje de los textiles antiguos, seguramente porque tiene que ver con la historia y me gusta darles una segunda oportunidad, rescatarlos del olvido. Quiero ir por el camino contrario, el fieltro me ha llevado a hacer los textiles naturales; ahora quiero, a los textiles naturales, incorporarle detalles en fieltro.

D: Para cerrar, ¿qué te gustaría dejarnos?

PdL: Es muy bueno para los estados del ánimo, ya sea que tengas o no un buen día, vas a la mesa y hacés fieltro. Es un gran “despejador”, porque al fieltro hay que atenderlo siempre.

 

 

 

Contacto:

La Pilarica Fieltros
Pilar de León
Cel. 095 155 880
Mail deleonpilarica@gmail.com

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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