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Chocolate a morir

Lo gourmet
Chocolate a morir

Entrevista a la directora de Oh! Chocolaterie, Lucía Cantatore , quien desde hace dos años nos deleita con su chocolate artesanal

agosto 15, 2014

 

No solo de pan vive el hombre, sino de sueños y pasiones. Lucía Contatore tiene 25 años y está cursando el quinto año de la carrera Arquitectura. Carrera que empezó y por el camino se dio cuenta que su verdadera vocación era el chocolate. Esa pasión que nació el día que entró a la librería de su barrio, hojeó varios libros para hacer un regalo, y por esas cosas de la vida terminó enganchada con Lo mejor del chocolate. Fue en ese momento que le vinieron a la mente los recuerdos de las chocolaterías de Bariloche, sus olores, sus colores, la calidez que emanaba de ellas. Así empezó todo.

Lucía es la menor, después de tres hermanos varones: “De chica cocinaba mucho con uno de mis hermanos, pero nunca con chocolate”. Ya universitaria hizo varios cursos de especialización en el rubro del chocolate, entre ellos con el chocolatero argentino Daniel Uria. Actualmente está haciendo Gestión Gastronómica en el Colegio de Gastronomía del Gato Dumas.

He aquí Lucía, sumamente profesional y dulce como el chocolate que elabora.

Dolores: ¿Cuándo empezaste a dedicarte al chocolate?

Lucía Contatore: Primero empecé un proyecto que se llamaba Strawberry, donde hacía cupcakes y chocolate, porque no me animaba a hacer solo chocolate. Tenía miedo. Luego de hacer un curso sobre chocolate con una mujer cubana que vino a dictarlo a Montevideo, y de verla tan apasionada con lo que hacía, ahí realmente me di cuenta que quería dedicarme exclusivamente al chocolate. Empecé a modo de práctica en 2009, en la cocina de mi casa. Era un lío porque tenía que compartir la cocina con mi familia; entraba cuando terminaban de cocinar y me quedaba hasta las tres de la mañana. En setiembre 2012 empecé formalmente con la empresa. Mi abuela me prestó su casa y de a poco fui haciendo reformas.

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«Leer es una de las cosas más lindas para hacer mientras se come un chocolate. Me encanta pensar en el chocolate como un momento para uno mismo»

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D: ¿Tu elaborás el chocolate o utilizás chocolate ya hecho?

LC: El trabajo en las chocolaterías chicas como la mía es usar chocolate ya hecho y templarlo para trabajar. En mi caso usamos chocolate belga. Acá en Uruguay nadie importa granos de cacao. Las chocolaterías grandes hacen su chocolate a partir de la manteca y la pasta de cacao.

D: ¿Por qué Oh! Chocolaterie?

LC: El factor sorpresa me gusta, que no sea todo obvio, por eso el “Oh!”. “Chocolaterie” porque significa chocolatería, y me gustaba que fuera en francés.

D: ¿Cómo hacés para llevar adelante tu propio emprendimiento y paralelamente cursar la Facultad? 

LC: Cuando me puse a full con la empresa dejé de lado un poco la Facultad. Mi prioridad es el chocolate. Este año daré los exámenes libres, no tengo ganas de decir que no a los pedidos. Me quedan ocho materias, un año de taller y otro de práctica. Voy a terminar la carrera no porque mis padres me lo pidan y exijan, sino porque yo quiero que así sea.

D: Pero seguramente vas a poder vincular ambas profesiones…

LC: Ese es mi objetivo, poder vincular toda la parte artística que te da la carrera con el chocolate.

D: ¿Qué te inspira?

LC: Ver muchas chocolaterías, mucho video, me gusta ver gente trabajando el chocolate, disfruto con su elaboración. Y el saber que hay gente en el mundo que siente la misma pasión por el chocolate que yo, eso me encanta y me hace sentir que no estoy tan loca. El año pasado estuve en Francia, Suiza y Bélgica por el tema del chocolate. Brujas fue como una sobredosis de “¡Quiero todo!” En Europa no comí mucho chocolate, pero sí me armé un stock de nueve kilos y lo traje para probar acá una vez que se me hubiera ido toda la emoción del viaje y de esa manera ser más objetiva al probarlo.

D: Me imagino que habrás recorrido chocolaterías… ¿Alguna que te haya impactado? 

LC: ¡Sí! Me encantó Patrick Roger, en París. Es un chocolatero francés que tiene muchas esculturas en chocolate. Después traté de practicar las esculturas pero llevan mucho trabajo y tenés que tener un lugar para exponerlas. El penúltimo día que estuve en Francia tuve la oportunidad de conocer a una experta en chocolate, Chloe Doutre- Roussel; ella trabaja diseñando chocolate y está en la promoción del consumo de lo que es un buen chocolate, de los granos de calidad, de proteger las plantaciones. Estuve como una hora hablando con ella de la falta de consumo de chocolate en Uruguay y sobre mis intereses. Ella me aconsejó que si la gente te pide bombones de dulce de leche y no una tableta pura de chocolate, entonces que empiece yo a educarlos. Me dijo que buscara una idea y se me ocurrió entonces dar charlas.

D: ¡Y plasmaste la idea!

LC: ¡Sí! Enseguida pensé que entre el empujón de Chloe y Leo el dueño de la librería de la zona donde vivo, algo tendríamos que armar. ¡Y ahí se armó la charla! El año pasado diseñé mi primera charla y ¡terminé dando como 20! Eran sobre la historia del chocolate, e incluía degustación. Este año la idea era hacer una propuesta nueva, entrar en las historias de los libros y películas y sacarle jugo: Como agua para chocolate (libro, Laura Esquivel, 1989; film, 1992); Chocolat (libro, Joanne Harris, 1999; film, 2000). Las charlas duran 45 minutos, son gratuitas y al final hacemos una venta de chocolate para poder hablar con la gente y que te cuenten un poco qué les gustó y qué no.

D: Contame la variedad de chocolates que hacés.

LC: Hago cajas de bombones de 8, 16 y 20 surtidos. Hoy en día el bombón que más se vende es el de maracuyá, hace dos años que lo hago y todavía sigue siendo el más novedoso. El de dulce de leche es el soldadito de batalla. Es como una competencia entre los de maracuyá y los de dulce de leche (risas).

También están las tabletas que son de 50 gramos para que puedas consumir una por día. La verdad es que tiene mucha salida. El chocolate te da sensación de saciedad. Además hago chocolate en rama, chocolate con frutos secos, paletas de chocolate, medallones de menta, etcétera.

D: ¿Hacés chocolate con diseños especiales?

LC: Sí, pero solo por pedido. Llegué a hacer un edificio, una tabla de surf, un tigre y la casita de Hansel y Gretel.

D: ¿Qué significa el chocolate para vos?

LC: Es como la pasión total. Mi cabeza está todo el día pensando en el chocolate. Estoy todo el día en esto y las horas se me pasan volando (risas). Lo veo más como un medio de expresión artística.

D: ¿Con qué acción asociás el chocolate?

LC: Leer es una de las cosas más lindas para hacer mientras se come un chocolate. Me encanta pensar en el chocolate como un momento para uno mismo. Si proyecto el chocolate en mí, el momento ideal para comerlo es cuando me quedo sola en mi casa. Estamos el chocolate, el silencio y yo. También lo como de noche mientras veo videos de chocolate. No lo uso tanto como postre, soy más del helado.

D: ¿Investigás mucho?

LC: Sí, lo hago siempre. Hice un curso intensivo en Buenos Aires con Ingrid Cuk que fue toda una semana, ocho horas al día y me aportó en cuanto a que me abrió la cabeza. Comimos chocolate con queso, con pescado, cosas muy bizarras. Hay veces en que prejuzgás mucho, pero después te da otras ideas. De repente yo no hago un bombón con salmón, pero quizás lo haga con tomate. Esa es la parte de la investigación que me encanta y lo hago en mi tiempo libre.

D: ¿De qué personas te importan las opiniones?

LC: Las de mi hermano más grande. Tiene mucha influencia en mí porque es muy gourmet. Cuando tengo un bombón nuevo, él lo prueba y tiene una opinión bien objetiva. Pero cuando a mí me gusta algo no siento que tenga que dárselo a probar a otros, el tema es cuando dudo.

D: ¿Comés mucho chocolate o ya te aburriste?

LC: No como mucho, porque al producirlo yo si me lo como tengo que volver a hacerlo, entonces se me van las ganas rápidamente (risas).

D: ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

LC: Cuando estoy a full me encanta el trabajo mecánico, por ejemplo, dar vuelta el molde y que todos los bombones estén bien es un placer inexplicable. La parte del tallado es intuitivo, me gusta mucho y puedo pasar horas. Hace poco me compré herramientas en Buenos Aires para tallar.

D: ¿Dónde se come buen chocolate?

LC: Si bien en Europa existe el buen chocolate, en Latinoamérica tenemos el cacao y ya no necesitamos de sus mega tecnologías. No tenemos por qué buscar todo lo elaborado, sino lo más artesanal, porque explota más el sabor del chocolate. Y eso es lo bueno, los diferentes sabores del chocolate…

¿Dónde podemos comprar estos chocolates? 

Por internet (comunicándose con Lucía)

La Tienda del Té: Roque Graseras 829 Bis

Pecana: Gestido 2807, Esq. Masini

 Precios sujetos a variabilidad:

Cajas de bombones:
8 unidades: $ 160
16 unidades: $ 290
20 unidades: $ 340

1 tableta 50 gs.: $ 70 (promo: 3 tabletas x $ 180)

Medallones de menta: $ 25 cada c/u

 
Contacto:
Lucía Contatore
Cel.: 091 628 642
Mail: contacto@ohchocolaterie.com
Web: www.ohchocolaterie.com

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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