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El nuevo lujo

Te paso un pique
El nuevo lujo

Un par de zapatillas blancas. Tan simple como el silencio antes de llenar nuestro celular, nuestra agenda y nuestra vida de urgentes e impostergables

septiembre 06, 2016

 

intro

 

Por Martina Pérez. Fotos Olivia Pérez. 

A estas alturas, mucho se ha escrito sobre las zapatillas blancas, el calzado fetiche desde hace casi dos temporadas. Que los amantes del deporte están de fiesta. Que salieron directo del gimnasio a poblar la calle. Que son parte del estilo sporty chic. Que remiten al más elegante de todos los deportes, el tenis. Todo esto y más, es cierto.

 

En La Citadina somos fans. No sólo por su comodidad, su sencillez, su aire vintage… Nos seducen también por el espíritu provocativo que evoca el llevarlas puestas, mezcladas con ropa de calle o más shock, con un estilo súper elegante. Este combo con su actitud de “¿Y qué?” nos encanta.

Es como si las celebrities y modelos se bajaran de sus tacos aguja y se rebelaran ante el mundo vociferando: “No uso tacones que me estilicen, ¿y qué?”; “Sí, mezclo una capa Burberry o un collar de perlas Chanel con zapatillas blancas, ¿y…?”; “¿Quién se atreve a decir que no soy elegante?”

Nos recuerda en algo al irreverente (e irresistible) espíritu francés, que nos interpela demostrándonos las distintas facetas que pueden darnos un par de zapatillas blancas deportivas, y sus infinitas posibilidades de adaptarlas a cualquier contexto durante las 24 horas del día.

 

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Pero, creo que hay más. Hay algo en las zapatillas blancas, en sus versiones más austeras, atemporales y minimalistas, que para mí sostiene un sentido más profundo y que tiene que ver con “el nuevo lujo”.

Ese lujo que cada vez pisa más fuerte. Que nos muestra opciones de compra o experiencias “de verdad”. Esa preocupación por la autenticidad que vemos cada vez más no sólo en pasarelas sino en todo aquello que consumimos.

Una reacción contra la imitación, la falsificación y la apariencia engañosa. ¿Qué más auténtico y puro que un par de zapatillas blancas? ¿Cómo evitar reconocerse en algo tan neutro, tan inmaculado? Sin concesiones a modas tiránicas, tendencias pasajeras. Libre de obligaciones y normas sociales.

Un par de zapatillas blancas. Nada más ni nada menos. El comienzo. Lo intacto. La hoja en blanco que precede a la historia que el escritor se dispone a contar.  De ahí en más, de ahí para arriba, una cantidad de centímetros para jugar, para llenarnos de prendas y adornos, para expresarnos y ser algo o alguien que nos identifique. Para elegir la versión que mejor nos siente en nuestra piel.

En tiempos en que lo urgente abruma y lo inmediato avanza por default, ¿cómo no adherirnos a ese respiro que representa este calzado que, no en vano, pisa firme hace casi ya dos años? ¿Cómo no querer pisar en blanco antes de llenar nuestro ropero, nuestro celular, nuestros estómagos y nuestras agendas de urgentes e  impostergables? Entonces, ¡claro que elegimos reafirmarnos sobre esa pausa! Es el momento de libertad previo a la elección. Previo a condicionarnos y definirnos.

Sí, es sólo un par de zapatillas blancas. Tan simple y necesario como el silencio antes de balbucear nuestras propias palabras.

 

 

 

 

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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