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“Me interesa sacarle el mito a la pintura”

Por amor al arte
“Me interesa sacarle el mito a la pintura”

Daniel Barbeito es, seguramente, el pintor más sincero con el que tuve oportunidad de conversar

septiembre 23, 2016

 

 

 

Por María José Borges. Fotos Olivia Pérez

 

Llovía sin parar desde la madrugada. La fuerza de la corriente se hacía sentir en techos, árboles y en las bajadas empedradas. Había que esperar que amainara para salir a la calle, donde el agua caía de costado. De todas maneras, pocas cosas se ven feas en Colonia del Sacramento.

Ambos cumplimos con la hora pactada a pesar del clima, que en Montevideo se hubiera usado como excusa para la impuntualidad (o la cancelación). Yo había entrado varias veces al Almacén La Carlota a perderme entre sus obras, latones y artesanías, pero nunca había podido charlar con uno de sus artistas, como sucedió esa tarde. Daniel Barbeito es autor de la mayoría de las pinturas que se exponen allí, su esposa las protege como un tesoro familiar. Ella, Lilian Justet, es la dueña y gestora del Almacén. Después de conversar con él pienso que juntos crearon otra obra de arte valiosa para estos tiempos: un matrimonio de 32 años. Nacieron en Tarariras pero se reencontraron años después y hoy viven en Riachuelo, a 12 kilómetros de la ciudad de Colonia. Tienen dos hijos (de 25 y 27 años) y un nieto de ocho meses que les cambia el gesto al hablar.

En el discurso sobre su obra Barbeito diferencia al artista del artesano. Él se ubica en la segunda etiqueta, tal vez porque a la pintura llegó siendo grande, luego de haber experimentado en varias disciplinas. Sin ir más lejos, dice que aprendió sobre teoría del color tiñendo lanas en grandes volúmenes para sus artesanías. Como consecuencia, nunca más usó un color puro en sus cuadros.

Habla de lo suyo como un oficio y pretende desmitificar la imagen del pintor como un ser superior. Entre otras cosas por una razón honesta: el artesano vende sin culpa, el artista no tanto. Este pintor sabe que las obras pequeñas son más portables para los turistas y lo tiene en cuenta, aunque los cuadros de gran tamaño llaman la atención en la habitación en la que conversamos. No tiene conflictos con las reproducciones de sus pinturas y le encanta que un japonés se lleve a su casa un imán con un pedazo de su obra. Eso sí que es raro.

 

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Un cuadro suyo vale entre 100 y 5.000 dólares. Están expuestos en espacios de Colonia, José Ignacio, Montevideo, Buenos Aires e Italia. Este artista volvió a Uruguay hace 20 años luego de vivir y trabajar en Estados Unidos, España, Suiza e Italia. Y no es un dato menor que en los años ´80 formó parte de la fermentación de creadores que ocurrió en Colonia en distintas ramas artísticas, como un bastión de resistencia independiente de la capital. En esa época y en ese lugar, sentían que tenían más en común con el mundo que con la celosa Montevideo. Ahí comenzaba a forjarse en el interior de este artesano ese encanto geométrico que se convirtió en su firma.

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“En los años ´80 formó parte de la fermentación de creadores que ocurrió en Colonia (…). En esa época y en ese lugar, sentían que tenían más en común con el mundo que con la celosa Montevideo”

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MJB: ¿Cuándo llegó la pintura a tu vida?

DB: Mi inicio fue textil, empecé en tapicería, como a los 20 años, después estuve un buen tiempo alejado de  la plástica, viajando y buscando por el lado de las letras. Llegar a la pintura fue un proceso de años, incluso no era mi preferencia, me gustaba más la música o la poesía, hasta que en un momento se abrió un espacio hacia la imagen. Fue muy claro, cuando me conecté con el lenguaje visual, que era ahí donde funcionaba mejor la cosa, porque fluía con mucha naturalidad y facilidad. Me venían imágenes, imágenes, imágenes, y no podía parar. Hice tres muestras en un año, fue como una canilla que se abrió. La sustancia que salió en ese entonces no es muy distinta a la actual, si bien hoy tengo más oficio, la imaginería es la misma.

MJB: ¿Recordás cuándo aparecieron en tu obra esas caras que hoy te caracterizan?

DB: Estuvieron desde el principio. Fui experimentando, yo era autodidacta. De joven era horrible dibujando. Y sigo siendo muy malo en cuanto al dibujo clásico. Investigaba con dibujantes muy virtuosos que tenía cerca, les preguntaba cómo hacer un buen ojo, por ejemplo. Entonces fui tomando cosas de todos lados, de una manera experimental. Por ejemplo, en una clase de Bellas Artes aprendí sobre el arte egipcio. Ellos representaban la realidad de una manera muy especial, hacían la figura de frente, pero los pies como son muy difíciles de dibujar los representaban de costado, igual que las caras. Pero el ojo, que es muy difícil hacerlo de costado, lo dibujaban de frente. A mí en esa clase se me iban iluminando los ojitos, me venían mil ideas, porque así podía dibujar sin saber o sin que fuera perfecto. Esa fue una influencia grande. Y de a poco fui creando mi propio estilo. De joven hacía muestras y no le ponía ni precio a las obras, porque no vendía nada. Hasta que algún día alguien quiso comprar una y tuvimos que inventar un precio (nos reímos).

MJB: Más allá de la técnica, requiere imaginación…

DB: Sí. Hoy me doy cuenta que cuando era chico era muy malo en dibujo pero era muy bueno imaginando, era de los niños que jugaban solos y se creaban mundos enteros, tenía una imaginación tremenda. Después noté que si yo veo un número, para recordarlo lo visualizo, lo paso a imagen. Pero ojo que toda esa facilidad con las imágenes es una discapacidad en otros términos también, a nivel cerebral, era disléxico y siempre fue muy distraído. Me podían pasar cosas como ir a Montevideo en auto y volverme en un ómnibus de la Onda, porque me olvidaba en qué había ido (risas).

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“Toda esa facilidad con las imágenes es una discapacidad en otros términos también (…). Me podían pasar cosas como ir a Montevideo en auto y volverme en un ómnibus de la Onda, porque me olvidaba en qué había ido”

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MJB: ¿Hace cuánto vivís de la pintura?

DB: Hace unos 20 años. Bueno, vivir de la pintura… Hace 20 años que logro ayudar a la economía familiar con esto. Tal vez recién ahora pueda empezar a vivir de la pintura, desde hace muy pocos años. A mí hay algo que me define y es que vengo del mundo de la artesanía, el artesano se maneja con otros parámetros distintos a los del artista. Yo no encajo mucho en el perfil del artista, no me reconozco así. Tengo una parte que puede ser mercantilista sin culpa, porque cuando me dedicaba a la artesanía la hacía y la vendía sin culpa. Y aparte otra diferencia es que me gusta mucho que la gente compre imágenes de mi obra, reproducciones. Que pase por acá un japonés y se lleve un imán para su casa me encanta. Aunque eso esté un poco por fuera de lo políticamente correcto del arte.

MJB: ¿Qué tipo de artesanías hacías antes? 

DB: De todo, objetos en cuero, en lana. Tejidos a mano como los de Manos del Uruguay y también en telares. Llegamos a hacer exportaciones incluso. Así, tiñendo las lanas, aprendí sobre el color. Porque cuando trabajás en teñidos semi-industriales en volúmenes grandes, usas pigmentos, no comprás una anilina marrón en la farmacia, porque no existe el marrón, lo tenés que crear vos. Entonces aprendí mucho y hasta el día de hoy no uso un color puro, casi nunca agarro un rojo y lo uso puro.

MJB: ¿Tenés días o ambientes preferidos para pintar? 

DB: Pinto básicamente en cualquier lado y en cada lado es diferente. Pinto en mi taller pero también puedo pintar mirando fútbol, viendo algún documental, en la librería Moebius en Montevideo… Hasta hace poco nos juntábamos en un boliche con otros pintores y después de varias horas y bastante alcohol salían cosas interesantes. Esto en cuanto al acto de pintar, que para mí no es lo mismo que crear. Yo trabajo con imágenes que veo antes de pintarlas y por lo general la pintura no es muy distinta a la visión original. El circuito de imágenes que me vienen a la mente depende de en qué ande en ese momento.

 

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MJB: ¿De dónde viene tu inspiración?

DB: La inspiración no tiene que ver conmigo. No es algo que me pertenezca, es un contacto interior que no gobierno. Puedo tratar de estar cercano, de intentar obstruir lo menos posible ese canal, pero incluso así no tengo garantías de que algo ocurra. La inspiración tiene que ver con la vida, no con la pintura que es sólo un lenguaje, el lenguaje que me tocó y en el que trato de ser digno. Yo me levanto a la mañana y subo a mi pequeño y desordenado taller, generalmente pongo música y empiezo a escribir algo, a dibujar garabatos o preparar algún plano para trabajar, esperando a ver si aparece algo interesante. Para mí trabajar es tomarme mi tiempo, disponerme. Capaz que otra persona me ve y piensa que estoy al santo botón, pero yo estoy preparándome, poniéndome a cierto nivel para que lo que pase en imágenes sea de un buen nivel. Hay días más prácticos en los que lo que tengo que hacer es pintar un gran plano de un mismo color y listo, y hay otros en los que la visión aparece manejando hacia Colonia, jugando con mis perros o escribiendo.

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“La inspiración no es algo que me pertenezca. Puedo tratar de estar cercano, de intentar obstruir lo menos posible ese canal (…). La inspiración tiene que ver con la vida. La pintura es sólo el lenguaje que me tocó y en el que trato de ser digno”

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MJB: ¿Qué pasa cuando esas imágenes te llegan estando ocupado en situaciones cotidianas?

DB: A veces estoy en una reunión familiar y me viene una imagen. Entonces si esa imagen me seduce intento fijarla en la mente, para luego poder trabajar en ella. Hubo una época en que meditaba, hacía zazen, que se trata justamente de ir apartando de la mente todas las imágenes y pensamientos. Pero parecía cosa del diablo, me venían algunas imágenes muy buenas y yo me decía, “no, no puedo, esto es muy bueno, tengo que dedicarle un tiempito a fijar esta imagen y después sigo, no hay zazen que valga” (se ríe). Pero cuando te hablo de imágenes te hablo de estas que pinto, no es que me imagino situaciones al natural, ya me vienen las imágenes con el lenguaje con el que las pinto.

MJB: Cuando vi tus pinturas por primera vez me recordaron a Modigliani, ¿es un referente?

DB: Es difícil definirlo, pero me lo han dicho sí. Cuando vas formando tu manera de hacer las cosas no identificás muy bien quiénes fueron. Puede haber referentes estéticos claros, pero también puede haber conceptos o ideas que te hayan influido. Modigliani seguro es uno, y otros me dicen que son muy Barradas…

MJB: ¿Reconoces distintas etapas en tus pinturas? 

DB: Sí, reconozco etapas. Hay una esencia que siempre es la misma pero al mismo tiempo vas cambiando. Tuve una época en que usaba mucho la paleta baja de colores, por ejemplo. Y me doy cuenta que ahora me estoy poniendo cada vez más geométrico. Eso es algo que siempre estuvo en mis pinturas aunque yo no me diera cuenta: la geometría, la cosa constructivista. Ahora veo que estoy cada vez más constructivo, que si tengo que sacarle un dedo al personaje para que la construcción mejore, se lo saco. O le pongo un ojo para lograr una geometría aunque no se corresponda con la realidad. Ahí empiezan a jugar otros parámetros… De pronto lo que yo veo cuando quiero pintar a una mujer es un buen triángulo, eso es lo que visualizo.

MJB: ¿En qué otras artes has experimentado?

DB: En la música, la escultura… Y la poesía que ha estado siempre.

MJB: ¿Tenés algún libro de poesía publicado?

DB: Sí, algo así. Hace poco hice una muestra aquí en Colonia que unía la poesía con la pintura. Después con esas imágenes y esos textos hicimos un librito con Macachín, que se llama Intimo.

 

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MJB: ¿Naciste en Colonia? 

DB: Yo nací en un pueblo acá cerca, en Tarariras. Después cuando crecí mis padres no sabían qué hacer conmigo y me mandaron a una escuela agraria en San Carlos, en aquel momento se usaban mucho, eran como una especie de reformatorios blandos (dice riéndose). Así que mi título es Técnico en Lechería.

MJB: ¿Trabajaste en ese rubro?

DB: No, sólo en España un tiempo, en una fábrica, pero acá no.

MJB: ¿Qué hacías en España?

DB: Viví ahí siendo muy joven. A los 19 años me fui a Estados Unidos a una beca en Tapicería. Y a los 20 años fui a España. Era a finales de la dictadura en Uruguay, todos nos queríamos ir porque acá no estaba pasando nada. O eso creíamos en ese momento, porque hoy mirándolo a la distancia ves que estaban pasando un montón de cosas. Viví tres años en España y volví a Uruguay con la idea de ver a mis padres e irme enseguida a la India, pero en ese momento conocí a mi mujer, así que no me fui nada, me casé, tuve hijos y con ellos muy chicos nos volvimos a ir a Suiza e Italia. Y ahí sí, en Italia empecé a trabajar de esto. Tuve talleres de pintura que todavía existen allá. En Europa trabajé de cualquier cosa hasta que empecé a dar clases de arte a discapacitados, ahí me entré a relacionar con el mundo artístico de nuevo, en una ciudad chiquita cerca de Venecia.

MJB: ¿Cómo fue esa experiencia de las clases para discapacitados?

DB: Fue muy interesante. Hasta hoy cuando voy a Italia paso a verlos. En tres años desarrollamos muchos trabajos y de buena calidad. Había algunos de ellos que hacían los diseños y el resto los realizaban, porque no es verdad que como son discapacitados son todos creativos. Hicimos tapices, batik, pinturas y papeles artesanales. Yo les copié cosas, nos copiábamos mutuamente, ya que la relación con ellos es muy esencial y sin mucho filtro. Agradezco haber convivido con ellos, lo agradezco como persona y lo agradece mi pintura por su influencia.

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“En Europa trabajé de cualquier cosa hasta que empecé a dar clases de arte a discapacitados. (…). Yo les copie cosas, nos copiábamos mutuamente, ya que la relación con ellos es muy esencial y sin mucho filtro. Agradezco haber convivido con ellos, lo agradezco como persona y lo agradece mi pintura por su influencia”

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MJB: ¿Eso que hay colgado en la pared es el respaldo de una cama pintado, no?

DB: Sí, yo pinto sobre cualquier cosa. He hecho muestras sobre libros, ladrillos, chapas, en paredes… Vengo de hacer una muestra en la que pinté sobre libros y ahora me invitaron a pintar un mural en el Instituto Pasteur de Montevideo. Ya tengo más o menos la idea en módulos, lo visualicé, pero tengo que ir a conocer el lugar.

MJB: ¿Te gusta que te empiecen a reconocer en Montevideo o te da igual?

DB: No, no da igual, que las cosas tuyas se vean y que a la gente le gusten para mí es bueno. Aunque el grupo más intelectual de Montevideo ya me conocía.

MJB: ¿Tiene más valor que te reconozcan en tu país?

DB: En un lugar sí, no me quita el sueño pero es eso de ser profeta en tu tierra. Para eso tengo que ir a exponer a Tarariras, esa va a ser durísima (nos reímos).

MJB: ¿Cómo conociste a tu esposa acá?

DB: Ella es de mi pueblo y yo la conocía desde que éramos chiquitos, pero nos reencontramos en Colonia siendo jóvenes. Yo venía de Europa a ver a mis padres y tenía pasajes para irme a la India a seguir viajando y trabajando por ahí. Pero entonces la conocí a ella y me quedé. Tuvimos nuestros dos hijos, que hoy tienen 25 y 27 años, y ahora tengo un nieto de ocho meses que me tiene totalmente embobecido…

MJB: Dicen que al ser abuelo se siente una realización más grande que siendo padre…

DB: Sí, uno ya no espera tener un sentimiento nuevo a esta edad. Los hijos te hacen vivir un sentimiento nuevo, que no conocías. Y uno piensa que ya no te va a pasar eso nunca más. Pero bueno, el nieto viene a sacudirte todo. Es muy distinto a ser padre, que estás más enroscado…

MJB: ¿Se notó en tu obra ese sacudón?

DB: Y, debo haberla endulzado un poquito… (nos reímos).

 

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MJB: ¿Qué desafíos artísticos tenés ahora?

DB: Ahora una de mis metas es aprender a trabajar cuando estoy mal. No digo cuando estoy triste o melancólico, esos pueden ser momentos muy creativos, digo cuando estoy mal de verdad, confuso, mal físicamente… Siempre me estoy poniendo limitaciones, porque la libertad total para crear es engañosa, entonces me pongo obstrucciones. Como los directores de cine daneses de Dogma 95, que se ponían limitaciones para crear. Yo me pongo la limitación, por ejemplo, de llegar a un solo color para una parte de mi pintura. Hasta que no visualizo el color perfecto no termino. La otra limitación siempre es lograr la geometría, como te decía antes.

MJB: En tu discurso parece haber una intención de poner el foco más en el oficio que en el talento, más en lo artesanal que en la obra de arte…

DB: Sí, me interesa sacarle el mito a la pintura. Es como si por ser pintor tuvieras una tarea superior a la del resto y no es así. Para mí el arte nunca debió dejar de ser un oficio. Un hombre un día me dijo que yo soy un pintor comercial. ¿Y? Siempre tuve comercio y nunca tuve problema con eso, pero hago lo que se me canta. No me importa si es comercial o no, si una imagen me gusta para pintarla, la pinto y chau. Yo digo cosas en mis pinturas y me doy cuenta que la gente las recibe. Lo vivo como algo que me tocó, que me es dado, que aunque sea un don te crea una responsabilidad tremenda. No es que sea un crack. Como a Suárez le sale hacer goles, a mí me sale pintar.

Contacto

Cel. 099 717 063
Facebook Daniel Barbeito
Mail erbarte@gmail.com

Sus obras se pueden ver en Montevideo en la librería Moebius y en Colonia en el Almacén de Carlota. 

 

 

 

 

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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