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“Estamos tratando de determinar cuál es esa célula capaz de generar neuronas”

Cuerpo & Alma
“Estamos tratando de determinar cuál es esa célula capaz de generar neuronas”

“… O qué cosas pueden estimular a esas células para generar nuevas neuronas”. Lo dice la investigadora Anabel Fernández, acerca de la ciencia que estudia el cerebro

octubre 25, 2016

 
 
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Por María José Borges. Fotos Olivia Pérez. 
 
 

“Qué es la vida, no sabemos.
Qué hace la vida, lo sabemos bien”.
Lord Perceval

 

 

Dicen que conocer el cerebro es como conocer el universo. Sabemos muy poco todavía de ese órgano que está involucrado en todo lo que hacemos, cada minuto, cada segundo, seamos conscientes o no de ello. Informaciones, conexiones, detalles infinitos. Gracias al cerebro podemos realizar los movimientos físicos más complejos, experimentar sensaciones placenteras y de las otras, reconocer dolores que nos alertan, recordar lo querido, pero también desarrollar los pensamientos filosóficos más abstractos, emocionarnos con una canción o una pintura, y explotar en una carcajada en un lugar público silencioso. Todo esto se origina simultánea y automáticamente en nuestra cabeza. Dicho así parece magia.

En un taller de divulgación científica me acerqué un poco más a la neurociencia, disciplina que me atrae particularmente desde hace unos años. Tantas veces atribuimos lo que nos sucede a estados del cuerpo, del alma, psicológicos y hasta al destino. Pero nuestro cerebro condiciona la vida física, mental y espiritual mucho más de lo que creemos y, tal vez, de lo que deseamos. Es casi nuestro Dios personal. Cuidarlo suena sensato.

Además, los años de vida de nuestro cuerpo se alargan cada vez más y nuestro cerebro sigue siendo el mismo por ahora, no nos va a convenir ser ancianos atléticos con mentes difusas.

Hay 90 billones de neuronas en un cerebro humano. Dicen que se generan 1.400 nuevas por día y que se mueren otras tantas. Con los años ese equilibrio se va desbalanceando y mueren más de las que nacen, pero hoy sabemos que podemos hacer mucho para estimular a nuestro cerebro y generar nuevas neuronas, considerándolo un músculo más que se fortalece también con las clases de salsa o las sesiones de spinning. Tanto como con la risa y ni que hablar del ejercicio intelectual.

En ese taller de neurociencia conocí a Anabel Fernández, que tiene un doctorado en Ciencias Biológicas y actualmente trabaja en el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE). Se especializa en neurogénesis, desarrollando proyectos en los que intenta averiguar cómo y cuándo se generan nuevas neuronas en los animales. Antes, estudió la médula espinal de las tortugas y actualmente experimenta con peces anuales (una maravilla de especie que crece en los charcos de nuestro país).

Hoy Anabel se pregunta, por ejemplo, si las células madre que se usan para terapias reparativas de tendones o ligamentos, servirán algún día para reparar el cerebro. Con la mente abierta propia del espíritu científico, Anabel y sus colegas trabajan en investigaciones minuciosas en rincones muy pequeños del conocimiento, que sin embargo revelan datos que pueden extrapolarse a los humanos y, finalmente, sanar.

 

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María José Borges: ¿Qué es la neurogénesis?

Anabel Fernández: Es el proceso por el cual se generan las neuronas. Una parte del proceso sucede cuando se está desarrollando el embrión del individuo, y otra parte, que es la que estamos estudiando ahora, es la neurogénesis postnatal, es decir, qué pasa con esas neuronas después del nacimiento. Se sabe que en las primeras etapas de la vida ese desarrollo de neuronas es mayor y que luego decae con el tiempo. De todas formas, se mantiene bastante con la edad. No hay muchos experimentos en humanos, por razones obvias, pero algunos estudios que se pudieron realizar post mortem demostraron que en individuos de 72 años había génesis de nuevas neuronas.

MJB: ¿Qué pasa con el cerebro diariamente?

AF: El concepto que había hace más de 100 años es que las neuronas del cerebro de un adulto solamente se morían, que nunca se recuperaban. Se pensaba que una vez que el individuo había nacido, sus células ya no se podían dividir más, a diferencia de lo que ocurre con otros tejidos como la piel del hígado… Pero hace unas pocas décadas, a partir de los años ´60, se incorporaron nuevas metodologías para el estudio de la división celular, con marcadores en el ADN. Gracias a eso sabemos que sí hay regeneración en el cerebro adulto, que hay división de células en la médula espinal, en todo el Sistema Nervioso Central. En realidad a esas células es difícil llamarles neuronas, por eso el concepto que vino a continuación es el de las células madre. Este es un tema nuevo, del que no se sabe mucho todavía, pero sí se sabe que existen células madre capaces de generar nuevas neuronas. Y se generan muchísimas neuronas por día. Eso se llama neurogénesis postnatal, o sea, la generación de neuronas después del nacimiento. Se estudió en otros animales y se descubrió que la regeneración es un mecanismo natural del Sistema Nervioso Central, que el cerebro cambia, respondiendo a situaciones relacionadas con el comportamiento, el ciclo de vida, el ciclo reproductivo… Por ejemplo, las aves tienen núcleos en su cerebro que tienen que ver con el canto, cuando buscan apareamiento y cantan esos núcleos empiezan a aumentar en miles de neuronas por días.

MJB: ¿Qué se busca hoy investigando la neurogénesis?

AF: Ahora estamos tratando de determinar cuál es esa célula capaz de generar neuronas. O qué cosas pueden estimular a esas células para generar nuevas neuronas. Porque se comenzó a pensar que eso podía ser la vía de reparación de muchas enfermedades neurodegenerativas que son tan invalidantes, como el Alzheimer, el Parkinson, en las que hay muerte masiva de neuronas. Apuntamos a estudiar eso a fondo, para ver si esa capacidad del sistema nervioso puede ser manipulable y estimulable. Algunas cosas se saben, pero para la ciencia es como un instante que ha pasado, unas décadas es poco tiempo, pero se ha avanzado.

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“Ahora estamos tratando de determinar cuál es esa célula capaz de generar neuronas. O qué cosas pueden estimular a esas células para generar nuevas neuronas. Porque se comenzó a pensar que eso podía ser la vía de reparación de muchas enfermedades neurodegenerativas que son tan invalidantes”

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MJB: ¿Qué favorece la generación de nuevas neuronas?

AF: Hay diferentes cosas que la estimulan. Sabemos, por ejemplo, que el ejercicio físico favorece la generación de neuronas en el hipocampo. Eso está demostrado por experimentos en ratas: el ejercicio mejora el cerebro. Y a raíz de eso, podemos deducir algunas cosas. Porque el ejercicio físico es beneficioso para todo el organismo, entre otras cosas porque genera sustancias como las endorfinas, que nos hacen sentir bien. Además, las neuronas tienen lo que se llama espinas dendríticas (que es la parte en la que se hace la sinapsis) y está probado que esas espinas aumentan con la actividad intelectual, con el aprendizaje, con la estimulación visual, con el uso frecuente de determinadas partes del sistema nervioso.

MJB: He leído algunos informes sobre el impacto positivo de la sorpresa en el cerebro, de las informaciones que contradicen lo esperado por nuestra mente, ¿cuánto hay de eso?

AF: Mirá, sabemos que el cerebro genera distintos tipos de respuestas ante la novedad, ante las informaciones novedosas que recibe. Eso se ha probado en algunos modelos biológicos como el pez eléctrico, pero todavía no sabemos si esas respuestas generan específicamente nuevas neuronas. De todas formas, seguro es importante la estimulación. Intuitivamente te puedo decir que algunas cosas se ven en la práctica, cuando los pacientes con accidentes cerebro vasculares quedan muy imposibilitados y para recuperarse tienen que estimular mucho esas funciones. A veces se recuperan bastante. Y es probable que esos estímulos que hacen que un individuo que tuvo una hemiplejia vuelva a caminar tengan que ver con la capacidad de recuperar neuronas.

MJB: ¿Hay emociones que influyen en la génesis de las neuronas?

AF: Sí, la depresión influye negativamente en la generación de neuronas. Y también el estrés, se ha comprobado que los animales estresados tienen menos neurogénesis.

MJB: Algunos estudios hablan del beneficio de aprender idiomas o aprender a tocar un instrumento para el desarrollo del cerebro…

AF: Eso es algo que yo no puedo afirmar. Puedo imaginar que el hecho de tener que usar el cerebro con algo tan complejo como el lenguaje ayude, porque lo estás desafiando a aprender algo que no es lo natural, que no es lo que aprendiste de niño, supongo que eso estimula otros circuitos y que favorece la neurogénesis. Pero no lo puedo asegurar. Lo mismo sucede con el aprendizaje musical, pienso que cada vez que se estimula mucho una parte de tu sistema nervioso, probablemente, para que tu cerebro lo pueda aprovechar cada vez más se estén generando nuevas neuronas. Por algo los aprendizajes y entrenamientos de los músicos llevan tiempo. A través del tiempo todos los circuitos deberían mejorar, perfeccionarse para el mejor aprovechamiento de lo que hagas.

MJB: Suena coherente con la facilidad de aprendizaje que hay en las primeras etapas de la vida…

AF: Sí, es más plástico el cerebro joven. Los niños y los jóvenes tienen una capacidad de aprendizaje diferente a la de los adultos mayores. O, por lo menos, lleva más tiempo en los adultos. Eso se ve en distintas disciplinas, yo hago actividades relacionadas con el baile y lo veo clarísimo en ese terreno: a las personas mayores les cuesta mucho más coordinar el baile con la música, el aprendizaje les lleva más tiempo que a un joven, aunque pueden hacerlo.

MJB: ¿Bailar puede generar nuevas neuronas?

AF: Sí, el baile es de los ejercicios más completos. Involucra todo, te cambia el estado de ánimo porque las clases involucran lo social, la diversión, y tu performance tiene que ver con la música, así que tenés que afinar tu sensibilidad musical, tu oído, aprender el ritmo y transformar eso en un acto motor en tu cuerpo. Y además, el baile no tiene discriminación de edad, es accesible a todo el mundo. Así que tiene muchos componentes para creer que es el ejercicio más completo. Yo participo desde hace muchos años en clases de salsa y ahí veo cuánto bien le hace a las personas y también veo cómo mejoran con el tiempo. Si no se aburren antes, mejoran muchísimo la coordinación motora. También aprendí que el oído musical se aprende, que hay gente que al comienzo no tiene oído y después lo va adquiriendo. Yo no creía que se pudiera, pero se educa. Esas clases son un ambiente distendido, vas ahí a pasarla bien, no es competitivo, hay cero estrés. Y creo que eso favorece muchas cosas en el cerebro. Ojalá pudiera comprobarlo, si pudiera hacer una punción en el cerebro de todos los que están bailando en una clase… (nos reímos). ¡Descubriría muchas cosas! Pero no se puede…

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“El baile es de los ejercicios más completos. Involucra todo. Yo participo desde hace muchos años en clases de salsa y ahí veo cuánto bien le hace a las personas y también veo cómo mejoran con el tiempo. (…). Creo que eso favorece muchas cosas en el cerebro. Ojalá pudiera comprobarlo, si pudiera hacer una punción en el cerebro de todos los que están bailando en una clase… ¡Descubriría muchas cosas!”

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MJB: ¿Hay estudios que relacionan la risa con la neurogénesis?

AF: Sé que hay estudios sobre la risa, no sé si específicamente relacionados con la neurogénesis. Pero en Alemania, por ejemplo, hay unos ejercicios que proponen “clases de risa”, entrenamiento para reírse, porque la risa involucra la liberación de neurotransmisores beneficiosos para el cerebro, es un mecanismo complejo, que involucra tus emociones y hasta tu historia personal.

MJB: También se habla de la alimentación para el cuidado cerebral…

AF: Sí, es que la alimentación es como el cuidado general del cuerpo y también cuida a tu cerebro. Tiene que ver con todo. Se sabe que la falta de comida y también la mala calidad de la comida afectan los sistemas, limita la capacidad de reproducción de las células en todo tu organismo y por tanto también en el cerebro. La comida muy grasa por razones obvias afecta tu cerebro, porque si generás colesterol y te tapa las arterias vas a tener menos flujo sanguíneo y eso influye en el cerebro, al igual que en el resto del cuerpo.

MJB: ¿Hay estudios que vinculen el arte con la generación de nuevas neuronas?

AF: Algunos científicos afirman ahora que la parte del cerebro creativo, vinculada al desarrollo del arte, tiene que ver más con la presencia de las “glías”en el cerebro que con las neuronas. Se ha descubierto, por ejemplo, que el cerebro de Einstein tenía más glías que el promedio de los humanos.

MJB: ¿Qué son las glías, que el cerebro de Einstein tenía más cantidad?

AF: La glía es otro tipo de célula. En el cerebro humano aparece en grandes cantidades: por cada neurona hay nueve glías. Mientras que en un invertebrado la relación es de una glía cada una neurona. A raíz de ese dato, a algunos les gusta pensar que las glías son lo que definen al cerebro creativo. Lo que sí sabemos es que la evolución de las especies aumentó la cantidad de glías por neurona y que nosotros somos la especie que tenemos más cantidad de neuronas en nuestro cerebro: 90 billones. Se dice que tenemos 1.400 neuronas nuevas por día. Y las glías son las que acompañan a las neuronas. Están pegadas a ellas y tienen que ver con su bienestar, le crean el ambiente viable para que sobrevivan y las asisten en un montón de actividades. Las investigaciones solían centrarse en cómo mantener la vida de las neuronas, pero hoy sabemos que la vitalidad de esas neuronas tiene mucho que ver con las glías. Eso cambió hace pocos años. Y hasta se piensa que la glía es la célula madre progenitora de las neuronas.

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“Algunos científicos afirman ahora que la parte del cerebro creativo, vinculada al desarrollo del arte, tiene que ver más con la presencia de las “glías” en el cerebro que con las neuronas. Se ha descubierto, por ejemplo, que el cerebro de Einstein tenía más glías que el promedio de los humanos”

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MJB: Generamos 1.400 nuevas neuronas por día, ¿se sabe cuántas mueren? 

AF: No se sabe el número pero sí se sabe que es permanente. La neurogénesis va acompañada de la muerte de las células, porque se generan neuronas para sustituir a las que se mueren. A veces se pueden generar por un evento particular y otras simplemente para mantener el sistema. Eso es lo que algunos llaman neurogénesis constitutiva, es decir, si comparamos nuestro cerebro con un edificio, a los ladrillos que se estropean hay que reponerlos para mantener el sistema. Y a medida que pasan los años, el sistema se repara un poco menos.

MJB: La neurogénesis no es igual en todas las especies…

AF: No, en las especies menos evolucionadas esa capacidad de regeneración está más desarrollada. En los reptiles y peces por ejemplo, si se afecta la medula espinal, se regenera y vuelve a cumplir sus funciones, pero eso en los humanos no sucede todavía. Por eso sirve estudiar otros modelos animales y ver qué pasa en ellos, para ver si podemos sacar información y algún día poder usarla al servicio de mejorar las condiciones del Sistema Nervioso Central de los humanos.

MJB: ¿Con qué animales experimentan en Uruguay?

AF: Se trabaja en ratas, reptiles, tortugas, peces, cómo el pez eléctrico, el pez cebra o el pez anual.

MJB: ¿Qué son los peces anuales?

AF: Son unos peces que hay en Uruguay, que se llaman así porque viven un año. Viven en charcos temporales, de 20 o 30 centímetros de profundidad. Sobreviven mientras hay agua en ese charco. Cuando viene el verano y los charcos se secan los peces se mueren, pero dejan sus huevos en el barro. Meses después, cuando esos charcos se vuelven a llenar de agua, nacen los peces que estaban en esos huevos. Es un modelo súper interesante, que se comenzó a usar en la Facultad de Ciencia y que ahora yo misma estoy investigando. Son buenos para investigar desde varios aspectos: desde la evolución de la especie hasta cómo sobreviven esos huevos en el barro teniendo pausas en el desarrollo embrionario. Son estrategias de adaptación a ambientes extremos, es muy interesante como modelo biológico.

MJB: Tú estás estudiando esos peces en este momento…

AF: Sí, el año pasado publicamos un libro con la Facultad de Ciencias sobre los peces anuales y nuestra parte fue estudiar la neurociencia comparativa. Porque hemos encontrado diferencias en la multiplicación de las células en los cerebros de esos peces. Eso nos lleva a pensar que su cerebro puede estar modificado por las influencias del medio ambiente, del charco en el que vivieron. Porque eso puede incidir en las zonas cerebrales que más utilizan, si usan más lo ojos o si usan más el olfato, por ejemplo. En los peces hay muchísima más neurogénesis que en los humanos y estamos estudiando cuál es la variación entre esas distintas especies.

 

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MJB: ¿Cómo le explicás a alguien que está por fuera de la ciencia, por qué los experimentos más cercanos a los humanos se hacen en ratas?

AF: Porque en el grupo de vertebrados, que está formado por cinco grandes especies (mamíferos, peces, anfibios, reptiles y aves), nosotros somos mamíferos, y dentro de los mamíferos cualquier modelo animal va a estar más cercano a nuestro sistema nervioso. En los peces no hay corteza cerebral, por ejemplo, y en los mamíferos sí y está muy bien desarrollada. Las ratas son mamíferos. Su corteza varía respecto a la de un hombre, pero las grandes estructuras cerebrales están de forma similar.

MJB: ¿Por qué las ratas y no otros mamíferos, es un tema de practicidad?

AF: Sí, hay estudios en otros animales, pero las ratas son un modelo biológico muy aceptado y además es fácil mantenerlas, criarlas en condiciones de poder experimentar con ellas, mientras que es muy difícil hacer estudios experimentales en otros mamíferos. Yo no quiero trabajar ni con gatos ni con perros… Pero hay otros países como en Estados Unidos en los que se trabaja con monos, por ejemplo. La rata dentro de los mamíferos es un modelo maleable desde el punto de vista experimental y ético.

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“Estudiamos peces anuales (…). Sobreviven mientras hay agua en ese charco. Cuando viene el verano y los charcos se secan los peces se mueren, pero dejan sus huevos en el barro. Meses después, cuando esos charcos se vuelven a llenar de agua, nacen los peces que estaban en esos huevos. (…). Son buenos para investigar desde varios aspectos: desde la evolución de la especie hasta cómo sobreviven esos huevos en el barro teniendo pausas en el desarrollo embrionario. Son estrategias de adaptación a ambientes extremos”

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MJB: ¿Hay reglamentaciones para experimentar con animales, verdad?

AF: Sí eso es muy importante, desde hace unos años existe un comité de ética animal que ayuda a hacer un uso racional de las especies con las que se trabaja. En el caso de los peces nuestros, los anuales, es más fácil porque como se van a morir en menos de un año no estamos alterando el equilibrio del sistema. Pero en el caso de otros animales es más complicado. Hay un protocolo para que el animal no sufra durante los experimentos y eso está regulado por ley. Cada vez que los investigadores hacemos un proyecto que involucra animales tenemos que cumplir un protocolo en el que contamos los experimentos que vamos hacer, qué sustancias vamos a utilizar, cómo vamos a manipular al animal, cuántos animales vamos a utilizar y aclaramos si las condiciones llevan algo de estrés para el animal. Todo eso va al comité de evaluación y, si a ellos no les parece bien, te van a decir lo que tenés que modificar, te dicen hasta los anestésicos que podés usar. Ese comité se inició en la Universidad de la República y se llama CHEA (Comisión Honoraria de Experimentación Animal) pero luego se extendió a todos los lugares donde se hace investigación. Por ejemplo, aquí en el Clemente Estable hay un comité que cumple esa función. Hasta que no te aprueban ese protocolo, no podés realizar la investigación. Incluso no te dan el dinero para poder financiarla hasta no tenerlo aprobado.

MJB: ¿El conocimiento del cerebro fue tardío en la historia de la ciencia? ¿Lo favoreció el avance tecnológico?

AF: Sí, eso vale para todos los campos de la ciencia, pero creo que en los últimos años el conocimiento del cerebro ha tomado mucha relevancia porque estamos tomando conciencia de la importancia que el Sistema Nervioso Central tiene en nuestro organismo. Que es mucho más que un órgano que cumple una función concreta. Es nuestra computadora, es el que ejerce sobre todo nuestro ser, tanto en lo funcional como en nuestro relacionamiento con el medio ambiente, entonces digamos que es el órgano o sistema más importante. Y tal vez sea eso lo que haya que modificar, porque ahí tenemos el disco duro, las conexiones. Nuestro cerebro es el que se pregunta por muchas cosas que otros animales no se preguntan, preguntarnos por nuestro origen, por cómo somos, cómo funcionamos, por qué reaccionamos de una manera y no de otra, hacer filosofía o hacer arte. Creo que en los últimos años ha tomado relevancia su rol, no sólo por un tema de salud, sino por la importancia que tiene el estado de nuestro cerebro en el funcionamiento de nuestro ser.

 

 

 

 

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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