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Menos diseño interior y más paz interior

LC en Portones
Menos diseño interior y más paz interior

Ambientes relajados. Elegancia serena. Piezas que dan sosiego. Objetos con emoción. Sentirnos realmente en casa, lejos de la “deco de revista”. Así queremos vivir…

noviembre 25, 2016

 

apertura

 

Felicidad. Es un trago de vino por el camino.
La felicidad. Es vivir el cariño como los niños.
La felicidad. Es sentarme en tu coche y volar con la noche…
Tiene sabor de verdad, la felicidad.
Felicidad / Romina y Albano.
(Hacer click aquí)

Por Martina Pérez 

Es muy difícil definir la belleza. Es algo muy personal. Yo encuentro belleza en la armonía. Y cuando digo armonía, incluyo al caos y a la contradicción: a aquellos contrastes asumidos, bien llevados y hasta celebrados.

La armonía, para mí, no es ningún estado zen. Nada inmóvil ni necesariamente plácido. La armonía y la belleza, son primas hermanas de la verdad. Gandhi decía “la felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace, están en armonía”. Desde mi punto de vista, vivir en armonía es ser coherente con uno mismo, es ser auténtico.

Por eso, si pienso en hogares, para mí los más bellos, son aquellos en los que justamente respiro armonía. No pienso en mansiones espectaculares, con muebles de estilo francés; ni ambientes de revista de decoración inmaculados o arquitectura exquisita. No. Me vienen a la mente aquellas casas donde vi, aún en un mínimo detalle, el alma y algún retazo de vida de quienes la habitan.

Y es que creo que, si les damos la oportunidad, los espacios que habitamos hablan por nosotros mismos. Eso sí. Dejarlos hablar ya es todo un arte. Porque antes hay que conocerse, escucharse y ser benevolente con uno mismo, y con quienes convivimos. Porque si vivimos en familia (y aquí incluyo mascotas y  plantas), vamos a tener que “abrir la cancha” y dejar que nuestros objetos no sólo hablen, sino que interactúen y estén abiertos al diálogo.

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Si pienso en hogares, para mí los más bellos, son aquellos en los que justamente respiro armonía. No mansiones espectaculares, con muebles de estilo francés; ni ambientes de revista de decoración inmaculados o arquitectura exquisita

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Quiero mostrarles algunos lugares que me hablaron de sosiego, de calma, de elegancia serena. También otros que me llenaron de energía; espacios vibrantes, que me hicieron sonreír sólo con mirarlos. Y por supuesto, mis preferidos, esos espacios relajados, que asumen con humor sus contradicciones, permitiéndose acoger un  mueble antiguo debajo de un ventilador turquesa rabioso o, donde uno puede toparse con un cuadro de esos sagrados heredados de la tatarabuela, que sostienen en una esquina avioncitos de papel de nuestros hijos, perdiendo todo pudor y dándonos un guiño entre tanta solemnidad.

 

Llegar a casa y colgar el mundo exterior

Así como en la mañana uno se prepara para “salir” del hogar, así debería uno también prepararse para “entrar”. Nuestra casa es como nuestro refugio. Después de un día largo, llegar a casa es como desensillar. En otros países y en otras culturas, la entrada a un hogar es una especie de ritual, casi como ingresar a un espacio sagrado. Es quitarse el calzado, el abrigo, el sombrero, para refugiarse allí, donde está lo que más cuidamos y queremos.

 

 

Por eso me encanta esa costumbre de muchos países nórdicos de tener siempre percheros cargados de abrigos, sombreros y canastos para dejar el calzado gastado de haber andado tanto. Espacios que hablan de aventura, de aire libre, de caminos recorridos y del placer de volver. Descalzarse. Soltar. Y dejar el mundo exterior afuera.

 

Naturaleza, pura vida 

Cuando me tomo el tiempo de hacer una pausa y contemplar la naturaleza, siempre llego a la conclusión que no hay obra de arte que supere tanta belleza. Por eso me encanta cuando una casa la integra. Me alegro cuando me encuentro con esos hogares que honran la naturaleza. Ya sea permitiéndole expresarse a sus anchas, asomar su cielo por una claraboya, dejar inundar su luz y abrirle ventanas y puertas. O bien, recreándola en imágenes, obras de arte, fotografías, piezas y objetos que valoren a la Madre Tierra.

 

 

Y es que nada supera la frescura y la sencillez de detalles como un florero con la Costilla de Adán, una planta hoy tan de moda, o una cascada de helechos cayendo sobre una biblioteca; o las estrellas de mar del verano pasado en la cocina, aquellos trozos de corteza de árbol, o un recipiente de cristal sostén de las fibras del fruto del Palo Borracho, el algodón más delicado…

 

Detalles lúdicos

Nada más amable y acogedor que una casa con detalles de humor. Muebles u objetos que se asoman, nos toman desprevenidos en medio de nuestra rutina, invitándonos a  soñar. Son esos recuerdos que guardamos de la infancia, aquel inseparable peluche customizado en algún rincón del escritorio, sillas colgantes que nos hamacan y lanzan al aire, una pila de patinetas que se hacen pasar por estantes, las tapas de nuestros vinilos preferidos convertidas en cuadros… Detalles que nos guiñan y se burlan de la funcionalidad. No importa para qué. Ellos se saben dueños del alma.

 

 

 

Nuestras pasiones a la vista

Como la categoría anterior, son detalles que poco importa su funcionalidad, si es que la tiene. Esos típicos objetos que a veces hasta nos convierten en objeto de burla de familiares y amigos, porque claro, ¿para qué? “¿Qué tiene que ver esta guitarra en medio del living, si ni siquiera sabés tocar?”; “¿No te parece que este baúl de viaje está más para el contenedor que para mesa?”. “¿Para qué tantos libros de cocina si vos no te hacés ni un huevo frito?”. Son objetos que nos hablan de viajes, de música, de sabores…

 

 

Son nuestras pasiones. Esas piezas u objetos que nos interpelan y nos sacan del piloto automático, recordándonos aquello que nos hace vibrar. Como esas luces o carteles que nos indican que ahí están, a nuestro lado, de una manera casi rebelde, porque no hay  necesidad de explicaciones, más que nuestro entero gusto y estímulo.

 

Pequeñas huellas 

Otra categoría que supera a la mejor de la obras de arte. Las creaciones de nuestros niños/as. Nuestros hijos/as, sobrinos/as, ahijados/as, nietos/as… Esas piezas que nos llegan sin envoltorio ni moño pomposo, sino que vienen sostenidas por manos pequeñas y ojos expectantes. Creaciones que  celebramos como ninguna y que atesoramos en el corazón. Son sus huellas en nuestra casa. Únicas. Irremplazables.

 

 

Dibujos por doquier, collages de hojas secas, colgantes de piedras o caracoles, atrapasueños, esculturas… Piezas “de colección” para nosotros los padres. Piezas ante las cuales cualquier objeto o mueble se rinde, sabiéndose perdedor. Piezas que sólo con mirarlas nos distraen de lo cotidiano, nos reubican y recuerdan que no hay precio que pueda pagar tanta belleza.

 

La armonía del caos

Esta categoría la dejé para el final. Porque resume un poco el espíritu de todas las anteriores. Y porque es casi como un manifiesto. En este apartado quiero referirme no tanto a un tipo de objetos o muebles, sino a lo que considero casi una “filosofía decorativa”. Un rodearse de todo aquello que nos de alegría, que nos inspire, que nos conmueva.

 

 

Olvidarse de las tendencias o jugar con ellas. Integrar pintura, escultura, fotografía. Honrar la naturaleza. Permitir que convivan estilos diferentes. Fusionar épocas. Romper el molde. Dejar el consumo compulsivo de objetos bellos, que convierten nuestras casas en abrumadores bazares, y quedarnos con aquello que nos emocione.  Vivir con arte. Resignificar. Darle un sentido. Y, como diría Frank Sinatra, siempre a nuestra manera.

 

Deco con alma en Portones 

 

2-combo-a

 

1. Bandeja de vinilo diseño vintage, 119 dólares, TodoMúsica. 2. Sombrero, 250 pesos, Zenit. 3. Cesto de tela gris, 317 pesos, Mr. Bricolage. 4. Espantapájaros para maceta, 84 pesos, Mr. Bricolage, 5.  Patos (x 3), 213 pesos, Mr. Briocolage. 6. Manta tejida importada de India, 919 pesos, Tiendas Montevideo. 7. Pasteles 24 colores, 199 pesos, Mosca. 8. Globo terráqueo, 1.350 pesos, Mosca.  9. Libro La Huella, Historias y Recetas del Parador, 1800 pesos, Bookshop. 10. Maceta verde, 394 pesos, Mr. Bricolage. 11. Perchero de pared, 1.700 pesos, Hecho Acá.

 

Fotos apertura de nota y productos de Portones: Olivia Pérez.
Fotos referencias: Mother Magazine, Bleubird, Garance Doré. 

 

 

 

 

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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