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El collage: cuando el caos se transforma en arte

Por amor al arte
El collage: cuando el caos se transforma en arte

Juan Fielitz y una difícil pero apasionante tarea, ser collagista en Uruguay

Enero 09, 2017

 

 

Por Verónica Correa. Fotos Olivia Pérez

 

Nuestra banda sonora para la nota

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Juan Fielitz es oriundo de Carmelo, pero desde hace dos años vive en Montevideo. Eligió para asentarse la Aduana, bien cerquita de la Escollera Sarandí, un barrio que le encanta y en el que encontró un movimiento artístico que lo acompaña en esta difícil, pero apasionante tarea, de ser collagista en Uruguay.

En su apartamento, lleno de libros, suena música clásica, fue lo que eligió para esperarnos, porque además a Juan le encanta escuchar a Nick Cave, Tom Waits y Leonard Cohen. Aclara que no es por pose ese gusto musical, “me gustan porque son poetas”.  Se viste de negro, es el único color que usa y eso lo define, le gusta lo oscuro, algo que también se ve en sus obras no solo en la ropa o en su gusto musical. Pero también se permite blancos: ahí está Juana, una gata albina que llegó un día y no se fue más.

En el antebrazo tiene un tatuaje, un dibujo que no es de su autoría sino que de un alquimista: un cáliz, una tortuga y una flor, que representan a Dios, a la muerte y el tiempo.

 

 

Con solo 26 años, este profesor de literatura que eligió transformar el papel en collage, promete.

Verónica Correa: ¿Cómo fue que empezaste con el collage, fue directo o llegaste después de un proceso?

Juan Fielitz: En realidad empecé con la fotografía y el diseño gráfico. Después un amigo me enseñó a trabajar en el proceso analógico, a revelar, a trabajar con químicos la fotografía vieja y terminé en el collage mezclando el arte gráfico con la fotografía. Hay algo que me interesa mucho que es el trabajo con el papel, entonces creo que decantaron todos mis gustos en el collage.  Ahí empecé a investigar, a meterme en el mundo del collage que es enorme, a conocer autores, referencias, colectivos.

Hoy en día, con las redes sociales, podés estar todo el día viendo collages de gente grossa. ¡Lo que tenés que tener es tiempo!

VC: ¿Qué pasa en Uruguay con esa técnica?

JF: Acá en Uruguay no hay tanto, si bien hay collagistas muy buenos, un ejemplo claro es Juan Burgos. El tema es que acá no está separado el collagista comotécnica, y pasás a ser artística plástico. En otros lugares sí, es algo muy marcado, hay colectivos de collagistas, galerías de collagistas, eso acá está muy en pañales.

VC: ¿Cómo definirías tu trabajo?

JF: A diferencia de Burgos que es cargado y barroco, lo mío es lo simple, el despojo, lo minimalista. A veces hago un solo corte en la pieza, uso tonalidades blancas, negras y algunos colores como el hueso, nada que rompa la vista.

VC: De todas formas en tu obra hay una ruptura…

JF: Sí, hay una irrupción en esa imagen, hay algo que pasó en ese papel, pero es mínimo y también eso ha sucedido por las referencias de los artistas que me gustan, me doy cuenta de que me influyen.

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  “Su obra (Isabel Reitemeyer) fue la que me dio ganas de hacer collage y cuando un artista genera eso a otra persona creo que su cometido lo tiene más que cumplido”

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VC: ¿Que artistas te han marcado?

JF: Joseph Beuys, Cy Twombly y collagistas como Hanna Höch, Kurt Schwitters, John Stezaker e Isabel Reitemeyer. En ellos encontré que le dan más importancia al papel como materia, y eso me llevó a seleccionar papeles, a estar todo el tiempo viendo colores. Cuando vi la obra de Isabel Reitemeyer me abrió la cabeza. Su obra fue la que me dio ganas de hacer collage y cuando un artista genera eso a otra persona creo que su cometido lo tiene más que cumplido.

 

 

 

VC: En tus últimas obras hay algo que se repite permanentemente y es que cortás una parte clave de la gente…

JF: El rostro, sí. Mis amigos me joroban y dicen que si me agarra un psicoanalista se hace una fiesta.

VC: Que en la mayoría de tus obras las personas no tengan rostro ¿es para quitarles la personalidad?

JF: Eso en parte, y en parte lo que pasa es que yo trabajo con fotos que no son de mi autoría. Si bien yo no uso fotos de fotógrafos conocidos, uso fotos de revistas que rescato, de fotógrafos anónimos, que no se conocen, lo que distingue cuando trabajás con una figura humana es el rostro. Entonces lo quito y me gusta trabajar todo lo que hay alrededor y que el rostro desaparezca, sacando el rostro empezás a darle más importancia a los detalles.

Ahora estoy en otra etapa. Uso fotos de esculturas, piedras, cosas inhumanas, donde sí hay una textura de papel, es fotografía, hay claroscuro, pero no hay un rostro, ni femenino, masculino o que nos diga una edad.

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  “El proceso creativo parte del caos. Cuando me pongo a hacer un collage no es que tengo todas las piezas seleccionadas y listas para combinar”

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VC: El collage como técnica, ¿te permite ir cambiando sobre la marcha?

JF: Sí, sobre todo porque el proceso creativo parte del caos. Cuando me pongo a hacer un collage no es que tengo todas las piezas seleccionadas y listas para combinar. No. Tiro todo sobre la mesa, me compro libros, revistas que encuentro en la feria, y de esa selección azarosa de ir pasando imágenes, está “la imagen”, de ese caos aparece algo. O superponiendo, o comparando, recorto un rostro y lo veo con otro papel, las tonalidades, las texturas, es todo un trabajo de horas y horas.

VC: O sea que no hay nada de lo romántico de la inspiración que viene…

JF: No, para nada. Ojo hay días que tenés momentos que decís: “Ups, ¿cómo me salió esto?”. Me ha pasado de veces en las que sueño mis collages, y ahí me despierto y anoto, es una punta, una idea.

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  “Yo no creo, necesito algo que ya exista, hago una construcción a partir de construcciones ya hechas”

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VC: ¿Qué cosas te inspiran?

JF: Todo lo que esté dentro de un formato gráfico, esa además es mi limitante. Yo no creo, necesito algo que ya exista, hago una construcción a partir de construcciones ya hechas, no tengo el problema de los que empiezan con la hoja en blanco, ya tengo el material para empezar.

VC: ¿Sos muy exigente con tu obra?

JF: Sí, y soy muy exigente cuando voy a ver obras de otros artistas. Soy crítico con obras de amigos y con lo mío trato de tomar distancia y observar. A veces lo hago, lo dejo, lo miro al mes y veo si me sigue convenciendo como esa vez cuando lo guardé y no lo saco hasta que no le di varias miradas.

Ahora tengo impulsos, con el tema de las redes sociales a veces comparto cosas, que pasaron por varios filtros, varias miradas, a veces las elimino, porque ya no me gustan. Soy exigente también con el montaje, me parece fundamental el cómo presentás el collage, tu obra. Me interesa el universo en el cual habita la obra.

 

 

VC: ¿La obra no termina cuando pegás el último papel?

JF: No. Cuando termino el collage, entra el proceso de enmarcado, que para mí es el proceso más delicado. Ir a la marquería, elegir los vidrios, los marcos, los colores, el papel, las distancias, si la imagen es muy chica cuánto aire le doy, si le voy a dar profundidad o no.  Después que tengo eso, armo series y en la compu compongo como mini planos de la pared y estoy días viendo qué obra dialoga con cuál. También soy crítico con la selección. Me pasó en una muestra que iba a hacer y tenía 60 collages y de los 60 quedaron cuatro. Los puse a todos en el piso, les saqué una foto y fui seleccionando, cuál era la mejor composición. Fue un trabajo enorme, pero yo sabía que lo iba a ver mucha gente y tenía que ser una representación de mi trabajo, no podía ser una elección al azar.

VC: ¿Qué buscabas transmitir?

JF: Supongo que esas obras eran las que más me gustaban, estaba la serie de los rostros y de lo que he hecho es con lo que más conforme quedé. Inconscientemente ahí me dí cuenta que era algo que me interesaba, la abstracción, poca imagen, texturas, fuerza y poco detalle. Máximo tres colores y ahora creo que agarré por un camino a partir de esa selección.

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  “Por eso me cuesta mucho vender, trato de ser muy cuidadoso, no apresurarme. Es muy difícil ponerle un valor a todo ese trabajo”

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VC: ¿Sentís que se va algo tuyo en cada obra?

JF: Lo siento cuando vendo a la obra, siento que se me fue. Por eso me cuesta mucho vender, trato de ser muy cuidadoso, no apresurarme. Es muy difícil ponerle un valor a todo ese trabajo, a todo el tiempo que me llevó llegar a esa selección y cuando se lo dí, se lo llevaron y la verdad extraño a esa obra, por eso registro todo lo que hago, por lo menos me queda la foto.

LC: ¿Cómo manejás la parte comercial?

JF: No vivo de esto, tengo 26 años y no tengo casi experiencia, y en lo que es venta muy poca. Siempre consulto con gente que está metida en el arte, los artistas no son empresarios del arte. A muchos amigos les pasa que no venden obra y cuando lo hacen,  la venden mal y por necesitar la plata. No son buenos empresarios y tampoco buenos administrando el dinero.

VC: ¿Pensás que está reñido lo comercial con lo artístico?

JF: Creo que hay artistas que son muy buenos empresarios, y hay artistas que son mejores empresarios que artistas, que son muy buenos vendiendo su obra, aunque la misma no esté al nivel del precio que le ponen. Pero la mayoría no somos empresarios del arte.

VC: ¿De que vivís?

JF: Soy diseñador gráfico, fotógrafo y también trabajo en una librería en Tristán Narvaja, donde tengo mucho contacto con el papel, con libros que me dan material para trabajar.

VC: ¿Cómo recibe tu propuesta el público?

JF: Yo creo que el público de arte son los propios artistas, algo que pasa con todos los círculos cerrados. Los que van a escuchar poesía son los mismos poetas y al final hacés arte para los artistas, poesía para los poetas, y es un círculo que se retroalimenta y no sé si se abre a la gente, al espectador que está afuera.

VC: Eso no está bueno…

JF: Eso no está bueno para nada, porque lo que hacés es alimentar egos. En el exterior por ejemplo, sé que tienen un mercado, hay subastas puntuales para collages, hay galerías de colectivos, talleres semanales, hay una oferta diferente solo para collage. En ese sentido sí siento que estoy en medio de la nada.

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  “Son años difíciles para vender arte (en Uruguay). Y bueno, creo que hay que apuntar a salir y vender afuera”

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VC: ¿Hay un mercado de arte en Uruguay?

JF: No sé si hay un mercado, muy poca gente compra arte en Uruguay. Son años difíciles para vender arte y bueno creo que hay que apuntar a salir y vender afuera.

VC: ¿A través de Internet?

JF: Sí, Internet. Hay páginas para eso y es en lo que me estoy enfocando. Son sitios que se dedican a la venta de arte y es por donde tengo mayor salida. Si no trabajara en otras cosas y estuviera a full para esto podría armar algo mas serio y capaz vendería más.

VC: ¿Cuáles son tus proyectos a futuro?

JF: Quiero pasarme al formato grande, 1,5 metros mínimo. Siguiendo con lo minimalista, pero agregando pintura, acrílico, no pintar, pero sí trabajar con la espátula. Creo que el tamaño grande además tiene otra salida, otra entrada al público. Las cosas chiquitas están buenísimas pero hay un momento en que querés verla de lejos. Creo que lo chiquito ya cumplió un ciclo.

 

 

Contacto:
Juan Fielitz
Cel: (+ 598) 91 32 07 30
Mail: fdefielitz@gmail.com
facebook.com/fielitz
cargocollective.com/juanfielitz

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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