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El maravilloso mundo de Carbajal

Por amor al arte
El maravilloso mundo de Carbajal

“A veces una imagen vale más que mil palabras”. Esta frase describe el espíritu incisivo y provocador del artista coloniense, quien a través de su arte, conserva impecable su intención de construir un mundo mejor

Mayo 02, 2017

 

“I never done good things
I never done bad things
I never did anything out of the blue,
Want an axe to break the ice
Wanna come down right now”

Click en Ashes To Ashes de David Bowie

 

 

Por Martina Pérez. Fotos Olivia Pérez

 

 

Jorge “Perico” Carbajal es un artista coloniense de 52 años, dueño de un estilo muy personal. Su sello es inconfundible. Sus cuadros hablan. Son pensamientos que se plasman en un lienzo, en el asfalto, en una señal de tránsito o en el medio de la rambla. Allí donde haga falta. Es arte cargado de ideas. Arte sin límites y sin edad. Carbajal camina por su ciudad con la serenidad que dan los años, pero con la mirada y la curiosidad intactas de un niño.

 

 

“Mamá falleció hace unos 14 años y papá esta ‘re vivo’. La semana pasada estaba disfrazado de Chapulín Colorado en una fiesta”, cuenta Jorge y se ríe. Los Carbajal eran tres hermanos varones, todos con sensibilidad artística. Jairo el más chico (ver recuadro abajo), Gustavo el mayor, quien falleció en el 2003 en un accidente, y Jorge, quien hoy está casado con Irene y tienen a Vicente, de 17 años, cursando preparatorio de arquitectura.

 

 

Entre el ‘86 y el ‘90 viví en Montevideo. Allí hice la Escuela de Bellas Artes. Mientras estudiaba, trabajé de guardia, luego en una cuadrería, en una relojería y en una óptica; también fui ayudante de arquitecto en la Escuela de Bellas Artes (…). Fui el primero en recibir una beca en Bellas Artes. Si bien era poca, fue un impulso, no sé en qué hubiera terminado si me quedaba acá en Colonia”.

 

 

En los cuadros de Carbajal, en sus trazos, máscaras, colores, tamboriles y símbolos, se cuelan huellas del continente africano. “Mi bisabuela era negra y nosotros crecimos entre tambores. Hay una foto de mamá con 3 años en la que ya tenía tambor. Este año la comparsa con la que salimos con mi familia cumplió 40 años. Primero se llamó Morenada 77 y luego Louja de Sacramento. Obtuvimos el quinto puesto en las Llamadas de Montevideo”.

 

 

Martina Pérez: ¿Cómo eras de niño? 

Jorge Carbajal: Yo vivía en la calle jugando al fútbol, a la paleta… Teníamos temporadas. Si llovía, íbamos a cazar renacuajos y, si era primavera, todos teníamos cometa; también estaban los períodos de trompos y, antes de que llegara la época de vientos, tirábamos con arco y flecha… Mis tíos vivían en frente y a la vuelta, entonces crecí rodeado de gran parte de mi familia materna.

MP: ¿Esa Colonia era muy diferente a la de hoy?

JC: Sí. Mi niñez fue en calle de tierra, sin alumbrado público. Mientras yo fui creciendo, el barrio empezó a tener asfalto y luz, pero te estoy hablando a partir de la década de los ‘80. Era un barrio de un pueblo. Teníamos una canaleta al costado de la calle que era muy divertido para jugar con botecitos cuando llovía; era muy tranquilo, los vecinos todos tenían siempre las puertas abiertas.

MP: ¿Ya pintabas?

JC: Sí. A partir de los 9 años. Cuando no tenía posibilidad de salir a jugar afuera, dibujaba o me gustaba mirar libros de arte.  Cuando tenía 10 años fui a una biblioteca en la Escuela 2 (yo iba a la 1) y ahí encontré libros de arte que me hicieron un click. El de Paul Klee me dio vuelta la cabeza. De ahí en más, le pedí a papá que me mandara a clases de dibujo. Fui a algunas, pero no me gustó y seguí dibujando por mi cuenta.

MP: En muchos de tus cuadros se ven personajes de la infancia, ¿cuáles eran tus héroes preferidos?

JC: Sí, tenía varios héroes y todavía los tengo. Batman y El Avispón Verde me gustaban mucho, eran mis preferidos. Y crecí con los distintos Tarzán.

MP: Recuerdos de tu adolescencia…

JC: El encuentro con libros proscritos que estaban en el sótano del Liceo, que era la biblioteca. Encontré un libro que estaba prohibido que se llamaba Demian de Hermann Hess, y ahí fue otro click. Empecé a hacer muchos dibujos de Abraxas, que era un Dios que tenía en su interior el bien y el mal. Y a mí me abrió la cabeza, ya que yo veía que yo también tenía cosas buenas y cosas malas, y que nos habían enseñado que nosotros estábamos hechos a imagen y semejanza del “Dios bueno”, y en cambio, Hess ponía ambas polaridades en un mismo Dios.

MP: ¿Cuándo y cómo llego la pintura a tu vida?

JC: Empezó en el Liceo de Colonia. Yo siempre dibujaba en las cuadernolas y regalaba mis dibujos a un amigo y un día el subdirector del Liceo me pidió que hiciera una muestra para incentivar a otros gurises. Ahí vendí el primer dibujo a la madre de una compañera. Yo se lo quise regalar pero ella insistió en comprarlo. Después, vino un profesor que quería comprar ese mismo dibujo y yo le dije que ya lo había vendido y ahí empecé a hacer una serie de pintura con esas ideas que habían gustado.

MP: ¿Ya tenían tu sello? 

JC: No. Era una mezcla y copia de dibujos. Veía un (Joan) Miró y traía algo y lo ponía en mi dibujo. Eso lo hice en el Liceo y en la vida.  Yo tengo una memoria visual amplia y desarrollada, y hasta hoy, lo “guardo” y luego lo traduzco. Cuando lo desarrollo, hago otra cosa, no tiene nada que ver, es como una elaboración propia de lo que vi. Veo un (Edgar) Degas y de repente hago unos bailarines que tienen bigote; no son las bailarinas de Degas. Es como que dentro de mí eso queda, pero se modifica y lo llevo a mi lenguaje.

MP: ¿Qué pintores te gustan?

JC: Un inglés que se llama Keith Tyson. También el italiano Francesco Clemente, que no tiene nada que ver con lo que yo hago. El escultor y pintor italiano, Mimmo Paladino con quien sí hacemos cosas muy parecidas pero no le copio, o el estadounidense Jean-Michel Basquiat, quien de verlo tantas veces ya no quiero verlo más.

 

 

M: ¿Cómo definís tu estilo?

JC: Y… A veces figurativo, a veces Pop… Es como un arte descriptivo. Si le pusiera música, sería como un poema sinfónico.

MP: Ya que traes la música, yo siempre vi en tu arte algo muy rockero, como una actitud muy provocadora… 

JC: Quizás eso se remonte a mi adolescencia, a cierto bullying. En esa época, yo no tenía nada en lo que sobresalir, y al pasar al Liceo, era un número más, un anónimo. A veces “caía en la picota” de algún estudiante más grande y fui encontrando la forma de reaccionar a eso con más bullying. Tenía un humor ácido, entonces le ponía el dedo en la llaga. Después, ese humor todos lo festejaban y mi monstruo más crecía y yo lo llevaba a mis dibujos.

MP: ¿Hoy ya no lo hacés?; ¿El monstruo se aplacó? 

JC: Hoy también lo hago pero con un fin más concreto, lo dirijo hacia un lugar más específico. Utilizo mi arte para decir algo más contundente. Ahora hice un dibujo de un tipo flaco con un gorro, y una leyenda que dice: “Todo es mentira”.  Ahí yo estoy diciendo algo, estoy expresando algo que yo creo y eso no molesta a nadie, es mi opinión.  Antes, si tenía un episodio con alguien, lo dibujaba, expresaba mi ira a través de la pintura.

MP: Pero estás reaccionando a tu entorno, no te quedás de brazos cruzados, en una actitud pasiva…

JC: No. Yo busco decir algo. En una época, en medio de la rambla de Colonia, había un gran agujero y yo pensé que había que hacer algo. Llevé un obelisco de cartón de tres metros y lo puse en el medio de la calle. Eso ya era algo más concreto, era una propuesta. Y entonces, colgué un cartel en el cual anunciaba que tal día se haría la inauguración del obelisco (ver video a continuación).

 

 

Otra anécdota similar en la vía pública fue con las cebras en el centro de Colonia, en la avenida principal, la Gral. Flores, que la arreglaron y no le pusieron cebras. A veces una imagen vale más que mil palabras, por eso plasmé una idea en el asfalto. Hice unas cebras de esténcil y las coloqué en las calles frente a la Intendencia. Hice un “videíto” y tuve cinco mil y pico de reproducciones. Ahí comprobé hasta dónde llega lo que uno hace, el alcance que tiene. Eso lo veo hace tiempo y me vengo midiendo en lo que hago. En el 2012, hice una muestra que se llamo “Sumamente Positivo” ya que veía que había mucha negatividad en el ambiente y alrededor mío. Hice una muestra toda con signos de mas y con mucho color, como para dar una esperanza a los negativo e ir en contra de eso. Vi que usando el lenguaje de la pintura se pueden hacer cosas y cambiar algo, y por eso hay que tener cuidado con lo que se dice, se expone y se muestra.

MP: Empezaste a tomar más consciencia del poder de lo que hacías…

JC: Sí. Y tiene que ver con eso de que no me gusta hacer lo que no me gusta que me hagan. En una época esa actitud reaccionaria se desbordó, no hacía falta que alguien me dijera algo para que yo ya reaccionara. Pasó a ser una manera de actuar tipo payasito y ahora lo veo en otros y me parece terrible. Hoy conservo el humor, la ironía, pero desde otro lugar.

 

 

MP: ¿Y con ese espíritu, te sentís un señor de 52 años?

JC: No. O sea, me doy cuenta que mi cuerpo ha crecido pero al mismo tiempo, mi cabeza es la misma; yo tengo pensamientos recurrentes desde que me acuerdo, no creo que la esencia tenga edad, es atemporal. Tengo claro que a mí “se me permiten” muchas cosas porque soy artista. He ido a exposiciones y me visto como tengo ganas, si quiero ir de gorro, voy de gorro. A mí me dicen que yo me hago “el tal cosa”, pero yo no me hago nada, yo soy así. Me acuerdo que un año fui a Montevideo a inscribirme en el premio de Arte Visual con una remera de verano de David Bowie que se llamaba Outsider. Para mí el súper héroe era Bowie ya que desde que lo conocí fue lo más. Ashes To Ashes para mí es un himno. Y sobre todo los discos viejos como Low (click aquí).

MP: ¿Identificas distintas etapas en tu pintura? 

JC: Sí. Tengo etapas de dibujo en blanco y negro y otro de blanco y negro y un poquito de color y trazo fino; tengo épocas de trabajar con cuadros más grandes y de trazo grueso y con otra tendencia. Hoy me gusta poner  algo, un estilo no híper realista, un objeto por ejemplo. Uno de los últimos cuadros era una astronauta realista, parada en medio de un cuadro verde y  después me puse a hacer dibujitos atrás que nada tenían que ver con el fondo de este astronauta. En la serie de dibujos que expuse ahora (abajo), trabajaba con una serie de sensaciones. Por ejemplo, en un momento sentía miedo e hice un dibujo de Yo y Mis Miedos con un fondo negro, y yo bien chiquitito. Nada más. Por eso soy bipolar (risas), me gusta hacer ironía, pero también tengo la fantasía de hacer un mundo mejor.

 

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“Esta es una serie de dibujos que se llamaba Ver.  Ya que todo el tiempo miramos pero no vemos y esto, había que verlo”

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MP: Más allá de las etapas, ¿crees que hay una constante en tus obras? 

JC: Sí, hay cosas que se repiten aunque no siempre me doy cuenta. Un profesor que tuve de grabado me decía que él lo que veía en mi obra era que identificaba claramente cuando un cuadro era de Jorge Carbajal, aunque el tema fuera totalmente distinto. Y un artista, más allá de que a la gente le guste o no su obra, se siente realizado cuando llega a tener una identidad propia.

MP: Leí que para vos arte y trabajo eran sinónimos.

JC: Sí, claro. En todo se precisa práctica. En el arte para llegar a ser una artista tenés que trabajar, no hay otra.  Para mí no hay una inspiración divina, yo creo más en el trabajo y en hacerlo constantemente. Yo trabajo y trabajo.

 

 

MP: ¿Vivís de tu arte?

JC: Sí. Vivo desde el 2000. Y doy también clases para gurises con problemas de aprendizaje y problemas sociales derivados del Inau. Es una experiencia dura. Algunos no saben leer ni escribir. Quizás tienen 17 años pero parecen de 7. Es muy bravo.

MP: Mi impresión es que en tu obra el mensaje se impone sobre lo estético…  

JC: Puede ser. Y también cada vez me cuesta más pintar… Yo antes pintaba porque sí, y no tenía idea lo que estaba pintando, y ahora es más elaborado, pasa primero la idea por la cabeza y después viene la realización. Hay como un intento de yo pintar el cuadro. Antes eso no estaba, solo lo pintaba yo, pero no era yo, sino que era mi mano y ponía lo que quería.

MP: ¿Algún sueño por concretar?

JC: Un montón de cosas, pero ahora estoy medio vacío. Antes era todo uno el artista, pero ahora está el hombre detrás del artista. A mí me interesa, más allá de los cuadros irónicos, lograr cuadros más humanos porque hace falta; no se necesita tanta ironía sino algo del corazón e ir hacia ese lugar. Me gustaría hacer un arte objetivo y trasmitir algo más concreto y llegar al corazón de la gente. Y es lo que estoy haciendo.

 

 

Las montañas de Jairo

 

 

Jairo, el menor de los hermanos Carbajal, también lleva el arte en sus venas. Sus cuadros tienen algo místico difícil de explicar, y Jorge ve en ellos una inclinación a lo espiritual, a lo sobrenatural que nos trasciende. “A Jairo lo sensibilizó mucho todo lo relacionado a los sobrevivientes de los Andes, y en sus cuadros usa mucho las montañas. Si bien nunca estuvo en la nieve, las montañas es un tema que lo atrapa, como una cosa en su interior muy humana”.

 

 

Contacto 

Jorge Carbajal

Mail catervaster@gmail.com

Facebook Jorge Carbajal

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Acerca del autor

Me llamo Dolores de Arteaga y soy del 70. Amo la vida, con sus dulzuras y sus sinsabores, con mi pasado y mi presente. Tengo un largo camino recorrido como mujer y como ser humano, con todo lo que estas palabras implican. Fui niña y adolescente. Soy hija y madre, mujer de mi marido y amiga. ¿Mi marido? Mi pilar, el compañero que elegí desde que lo conocí, que nunca me cortó las alas para volar. ¿Mis hijos? Son lo más importante y fuerte que me pasó desde que nací. ¿Mis amigas? Son del alma, fueron mi propia elección, son mi otro yo, ven la vida con mis mismos lentes. sobremi Fui maestra, dueña de una tienda de segunda mano y ahora soy bloggera. Siempre digo que mis ciclos duran diez años; me gustan los cambios, reinventarme cada tanto. Me parece que las mutaciones forman parte del movimiento y de la riqueza de la vida. A partir de los 40 sentí que estaba empezando la otra mitad de mi existencia y se me despertaron gustos e intereses que quizás estaban dormidos. Me siento más entusiasta ahora que a los 20. Se preguntarán “¿qué se le dio por hacer un blog?”. Tengo intereses de todo tipo. Considero que leer es uno de los placeres de la vida, que el arte nos estimula los sentidos y que viajar nos enriquece el intelecto y el alma. Siempre me gustó descubrir la otra cara de las ciudades, hacer hallazgos donde no es fácil identificar a primera vista, descubrir y redescubrir lugares, conocer a la gente, estudiar la naturaleza humana en sus diferentes realidades, hurgar un libro hasta el cansancio, improvisar críticas de cine de lo más personales con amigas, salirme del clásico circuito pautado por unos pocos y estar pendiente de qué se puede hacer acá, allá o donde fuere. Pero sobre todo, me gusta reírme, y si es a carcajadas, mejor todavía. También soy una máquina de registrar datos. Siento un disfrute especial cuando lo hago. Mis amigas me llaman las “páginas amarillas”. Y hasta acá llegué para no aburrirlos hablándoles de mi. ¡Entren a descubrir el blog! ¡Para mí es un verdadero disfrute hacerlo!

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